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Categoría: Jovencitos
Valor de este relato: 3.45
Enviado por: kent


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R1: ANA - VECINA


Quiero comentarles primero que mi vida ha estado llena de experiencias muy excitantes tanto en familia como con amigas, pero hay una constante, todas ellas son con menores de 25 años.

Los relatos que voy a contar, los iniciaré con mis vecinas, posteriormente con mis primas y pasaremos con amigas y compañeras.

Mi historia con las chicas inició desde muy pequeño, y giró alrededor de una familia que vivía a un lado de mi casa paterna. Ellos son una familia de albañiles donde se nota una gran disfunción en las relaciones familiares, que de hecho yo formé parte.

La primera de mis cuatro historias con las diferentes chicas de esa familia inicia aquí.

Cuando tenía apenas 7 años tenía un amigo que era otro vecino y siempre jugábamos en la calle a lo que sea, nos juntábamos con las demás vecinas a jugar ya que solo éramos dos hombres en la cuadra y 5 niñas de nuestra edad.

Pero había una vecina llamada Ana que era mayor que nosotros, en ese entonces ella tenía 12 años (para nosotros era demasiado mayor). Un día que la habían dejado sola al cuidado de sus hermanas y primas (de entre dos y cinco años) nos invitó a su casa a jugar. Nosotros nos negamos porque nos prohibían que nos juntáramos con esa familia ya que tenían mala fama entre los vecinos. Pero ella insistió y lo que hizo después nos animó, cuidando que nadie la viera se subió la falda que traía dejando ver sus finísimas piernas y sus llamativos blancos calzones, que a esa edad, se nos hacía lo más excitante en la vida.

Entramos y vimos en la pobreza en la que vivían, producto de una familia disfuncional en donde todos los adultos eran alcohólicos y lo poco que ganaban era para satisfacer su vicio. Pasamos por uno de los cuartos y vimos a los cuatro niños y niñas que estaba cuidando, posteriormente nos llevó a otra recámara donde nos invitó a jugar al “papa y a la mamá”. Nosotros sabíamos que ese juego escondía sensaciones placenteras y aceptamos con gusto.

Ella nos dio nuestros roles, yo sería el papá y mi amigo Pedro el amante. Armamos una casita con unas cobijas y entramos en ella. Nosotros no sabíamos que hacer así que solo seguimos las órdenes de la “niña”. Primero nos dijo que nos desnudáramos, lo hicimos con vergüenza pero poco a poco nos quitamos la ropa. Por la misma emoción se nos puso erecto nuestros infantiles penes y de ella salió una pequeña carcajada al vernos temblando, ya sea por el frio o por los mismos nervios.

Ahí ví el miembro de mi amigo, que a pesar de su edad, se notaba que estaba muy bien dotado. Algo que para Ana no pasó desapercibido ya que la principal atención se centró en mi amigo. Ana comenzó con decirnos que nos pusiéramos juntos y posteriormente empezó a besar a Pedro por todo el cuerpo, empezando desde el cuello, pasando por el torax, hasta llegar a las piernas. Con cierta timidez le dio un beso a la punta de su pene que estaba muy erecto.

Al ver eso le pedí que hiciera lo mismo con su esposo (que en el juego era yo) y así fue, repitió el mismo proceso.

Para ese entonces yo ya había visto secretamente algunas películas porno, y me encantaba cuando el hombre le hacía sexo oral a la mujer, así que le pedí que se desnudara y ella no tardó en decir que si. Ella lo hizo con cierta gracia que era a la vez muy sensual. Mi amigo se empezó a masturbar al ver semejante escena. Vimos su delgada silueta con curvas muy perceptibles para su edad, aún no asomaba bello púbico, que en ese entonces nos desilusionó, porque a esa edad la ilusión es hacerlo con alguna vieja mayor, pero después eso cambia, y lo que queremos ver es una vagina depilada. Después de que se desnudó completamente, le pedimos que se acostara en la cama y que cerrara los ojos, mi amigo empezó a besarle los pequeños senos apenas perceptibles y con unos pezones muy levantaditos junto con su aureola, que a esa edad es muy común. Yo, en cambio, estaba observando su vulva muy abultada y totalmente libre de bello. Agarré sus piernas y las separé de una manera brusca, y ahí estaba, salía de entre sus labios una pequeña protuberancia que yo sabía, por las películas, que era el centro del placer. Me acerqué y empecé a lamerle toda la vulva, el clítoris y entre la pierna. Como era mi primera vez que lo hacía, en vez de causarle placer le causó risa y sin intención alguna me golpeó la nariz, lo que le dio mas risa y nos dijo que tenía ganas de orinar. Le dije que lo hiciera ahí mismo, quería ver como orinaba una niña, así que lo hizo, se piso a la orilla de la cama y aún acostada abrió mucho las piernas y soltó un gran chorro de orina que se estrelló en la pared. Esa acción se me hizo de lo más excitante y me puse de a cien y quise probar a que sabía su vagina después de orinar, ella accedió con gusto y me acerqué, ya olía diferente y lo probé, pero el sabor era desagradable así que no seguí pero le pedí que me lo mamara a mi.

Ella, sin mayor complicación se lo metió a la boca todo (parecía un pequeño popote en su boca) y parecía que estaba chupando una paleta. Lo hacía muy bien y me hizo sentir lo máximo, fue mi primer orgasmo de esa manera y fue seco, ya que no tenía semen alguno.

Pedro por su parte no quería que se lo mamaran, sino que quería metérsela, ella accedió pero siempre y cuando fuera por el culo, ya que quería llegar virgen al matrimonio. Se me hizo muy asqueroso, pero Pedro aceptó porque lo que el quería era meterlo a algún agujero. Al ponerse en cuclillas vimos que su ano estaba muy oscuro y al separarse las nalgas se abrían con cierta facilidad. Ella le dijo a mi amigo que pusiera vaselina que tenía en el cajón en la entrada del ano para que fuera mas fácil. Pedro hizo caso y se la metió con facilidad. Empezó a moverse como una profesional, Pedro nada más atinaba a decir pendejadas. Ana me pidió que me pusiera frente a ella y empezó de nuevo a mamármela, lo hizo más fuerte que en ocasiones me lastimaba. Poco después Pedro terminó pero al parecer ella no y me pidió que ahora yo la culeara, pero, pare ser cinceros, Pedro la tenía mucho más grande que la mía así que ella ya no sintió lo mismo con mi pene infantil por lo que solo nos pidió que nos masturbáramos mientras ella nos veía hacerlo y se masturbaba también. Ella lo hacía con rudeza y sus gemidos eran bajos pero muy excitantes. Con la derecha se tocaba el clítoris y la vulva muy rápidamente y en círculos y con la izquierda se metía el dedo en el ano. Se movía como si estuviera follando hasta que llegó soltando un pequeño grito. Casi al mismo tiempo llegamos nosotros y por el escándalo que hicimos, llegó Carmen que en ese entonces tenía 4 años y nos vió y rápidamente nos pusimos la ropa y le pedimos que no dijera nada.

Posteriormente le preguntamos a Ana que de donde había aprendido a hacer esas cosas y ella nos confesó que desde hacía 4 años que el primo que vivía con ellos se la culeaba cuando había oportunidad, por que desde que se fue a USA a trabajar, ya no había podido seguir sintiendo ese placer, que ya lo ansiaba con todas las ganas y que solo se animó a pedírselo a sus vecinitos.

Jamás volvimos a hacerlo con ella porque mi hermano nos cacho cuando salíamos de su casa y fue de chismoso con mi mamá y nos prohibió que volviéramos a entrar a esa casa.

Años después se casó cuando tenía 17 años porque estaba embarazada.

En esa casa siguieron viviendo otras niñas que posteriormente les contaré sus historias. Solo les adelanto Ana era tía de Carmen y ésta es la mayor de tres hermanas. Las otras dos son Miriam y Claudia, la menor. Con todas ellas hubo algo varios años después.


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