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Categoría: Heterosexual
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El Olor de su Co?o y su Culo
Me llamo Aleeha y tengo unos 18 años. No sé dónde he nacido, ya que nunca he conocido a mis padres, ni he ido nunca a la escuela. Solo sé que vivo rodeada de sol y arenas blancas. Nada más. Nada en miles de kilómetros a la redonda. Lo sé porque donde vivo no hay vallas, no son necesarias. La civilización más cercana está tan lejos que es imposible llegar con vida yendo a pie. Y aquí no tenemos coches. Así que vivimos a la merced del señor, según dicen es un poderoso hombre que ha conseguido su inmensa fortuna con negocios ilegales (drogas, prostitución, lo que sea necesario para conseguir más dinero, él lo hace, y mejor que nadie) .
Jamar (el señor de la casa) había adquirido esa propiedad hace años, por un puñado de dólares, gracias a sus extorsiones al gobierno. Era una parcela de kilómetros y kilómetros de arenas del desierto, situadas en medio de la nada, donde nadie le molesta y de donde es imposible salir con vida. Solo él aparece de vez en cuando, en su helicóptero, junto con sus inseparables guardas, hombres grandes como armarios, fuertes, rudos. Aleeha se preguntó por primera vez el porqué de tanta protección, ya que en aquel oasis perdido de la mano de Dios solo habitaban mujeres. Las había de todas las edades, y razas. El común denominador de todas ellas era su gran belleza. En la casa también habitaban algunos hombres, para protegerlas si algo sucedía en la ausencia del señor.
La mansión de Jamar esta dividida en dos grandes edificios, uno de color grisáceo donde las nanas (mujeres de mas edad) cuidan a las niñas, futuras concubinas del señor. En el otro edificio, blanco como el marfil, es donde viven las mujeres destinadas al placer. Durante el día (a no ser que sean requeridas para otros menesteres) cuidan de la casa, los jardines, el huerto. Esta mansión es una pequeña población autosuficiente. Cultivan su propia comida y tejen su propia ropa. Tienen electricidad y agua potable. No necesitan nada del exterior.
Ven conmigo Aleeha, te tenemos que preparar. Hoy es tu gran noche. dijo nana Yalah, mientras cogía por el brazo, suave pero firmemente, a nuestra joven protagonista, y la dirigía a los baños.
Yalah tenia unos 68 años, era una madura mujer de buen ver, que cuidaba de Aleeha desde que llegó a este sitio, siendo un bebé. La consideraba como una hija, pero había llegado el momento de su entrega al amo. Las niñas llegaban a este paraíso perdido siendo tan pequeñas que ningún recordaba nada de su vida anterior. Tampoco se les daban clases de historia, ni política, ni nada que pudiera fomentar una rebelión. Si no sabes que no eres libre no puedes luchar por ello. Las muchachas solo sabían que estaban en una especie de orfanato para chicas abandonadas, se les decía que no tenían a nadie en el mundo, no tenían conocimientos ni un oficio, que en la sociedad actual no eran nadie. Y allí, gracias a la generosidad del señor, eran felices. Tenían un techo, un sitio donde dormir, comida en la mesa, y todo a cambio de unos pocos favores a su amo. Después de pasar toda la infancia y parte de la juventud allí encerradas las niñas salían convencidas de que Jamar era una especie d e Dios tan bondadoso como cruel. Si no se le llevaba la contraria en nada, y se acataban todas sus órdenes, la vida transcurría con tranquilidad, y al llegar a los 45 50 años se convertirían en nanas, para tener una bonita vejez en ese oasis, cuidando de niñas, y recibiendo la comida a cambio. En cambio, si alguna de las chicas hacía enfadar al señor, las consecuencias eran terribles, y sabidas por todas. Dependiendo de la falta cometida, la intensidad del castigo podía variar de unos simples azotes en público a la ejecución sin juicio de la causante de la ira del señor. No era la primera vez que una de las chicas desaparecía de un día para otro, sin dejar rastro, tras ser sometida a varias vejaciones publicas.
Aleeha ya había finalizado su aseo matinal, se había rasurado el pubis al completo y había limpiado a consciencia sus agujeritos aún vírgenes. No sabía para qué servía todo aquello, pero lo hacía porque así lo ordenaba el señor. Todas lo hacían. No fue a desayunar con sus compañeras, ya que en el día de hoy no comería nada. Solo le era permitido beber agua. Así que salió a pasear por los jardines, para ordenar sus pensamientos, allí se encontró con Ramón, uno de los mercenarios que vigilaban la mansión. Era un hispano de 40 años mal llevados, sin afeitar ni duchar desde hacía lo suficiente como para que Aleeha lo notase a distancia. Ramón se acercó a ella y le cerró el paso, Aleeha sabía que no debía hacer nada que enfadase al señor, incluido respetar a sus hombres, por muy mala espina que le diese tenerlo tan cerca, apestándola con ese aliento a tabaco y alcohol.
Vaya, nuestra pequeña Aleeha ya ha madurado, pobre pajarito, te van a cortar las alas antes de que hayas aprendido a volar .
Mientras hablaba iba acercando su cara a la de ella, tan cerca estaba que Aleeha notaba el roce de un enorme y duro bulto contra su ombligo. Pero no se atrevió a moverse.
Disfruta de tu debut, putita, porque por muy doloroso que sea lo que el amo te haga hoy, no será nada comparado con lo que te espera cuando se vaya.
Las manos de Ramón se apoderaron del trasero de nuestra amiga, estrujándolo con sus manazas y apretándole así la pelvis contra su sexo hinchado. Se rozó un poco con ella, saboreando la dulzura de sus pechos con su lengua. Aleeha estaba asustada, sabía que todas las chicas debían entregar su primera noche fuera de la casa de las nanas a su amo, pero después, bueno, el señor no pasaba allí muchos días seguidos, y con tanta belleza junta, hubiese sido una estupidez impedir a sus hombres que tomaran a la muchacha que quisiesen cuando les apeteciera, porque lo habrían hecho igual, y así se aseguraba el tenerlos contentos.
Ramón la sobó y lamió un buen rato, y ella no se atrevía casi ni a respirar. Estaba completamente prohibido que las muchachas hablasen entre ellas, y mucho menos que gritasen a alguno de los hombres, estaban allí para ser usadas y no había nadie que les protegiese de tal destino. Cuando Ramón se cansó de jugar con la pobre muchacha, se despidió con un pellizco en el pezón y desapareció sin más. Aleeha decidió sentarse junto al estanco para calmarse tras el asalto del hispano maloliente. Le gustaba mirar su imagen reflejada en el agua. A sus 17 años tenia las mejores cualidades de una niña y una mujer. Era morena, de pelo largo y liso, y tenía los ojos verdes. Su escultural cuerpo era firme y juvenil. Sus pechos grandes se mantenían tersos aun, y dentro de la delgadez se dibujaban suaves curvas de piel sedosa, bronceada por el sol. Era la joven más hermosa que había pasado por allí nunca. Y ni siquiera lo sabía.
Yalah, que recogía fruta en ese momento, se percató de su silenciosa presencia, y decidió ir a hablar con ella, para darle su ultimo consejo. Se sentó a su lado y dejó pasar el tiempo mientras miraban el agua cristalina fluir ante ellas.
Tengo mucho miedo, nana. Por que nadie me dice que me va a pasar?
Lo sé cielo, pero son las normas, además, aunque te lo cuente, seguirás sin estar preparada. Pero tranquila, puede que esa primera vez no te guste demasiado, pero con el paso de los años y la llegada de nuevas chicas, veras como no es tan duro .
Oscurecía ya cuando Aleeha fue conducida al salón de reunión de la casa de las doncellas, allí se estaba celebrando un banquete por todo lo alto, las mujeres traían comida y vino de una forma constante. Todas vestían igual, con una túnicas de seda de importación, suave y ligera, y translúcida. Y los hombres hablaban, comían, reían, eructaban. Nada fuera de lo normal.
Al cabo de poco tiempo, o eso le pareció a ella, bajaron la intensidad de las luces y pusieron la música que indicaba el inicio de la ceremonia. Aleeha debía convencer a su amo que era digna de él. Y Había sido preparada para ello a consciencia. Salió al salón y se situó en medio, donde las mesas dejaban un espacio de unos 2 metros por lado. Jamar se sentó en su sillón y adoptando una actitud seria se dispuso a deleitarse con las curvas de la joven que se le ofrecía por voluntad propia.
Aleeha había empezado ya a bailar, para que os hagáis una idea, era una especie de danza del vientre que combinaba movimientos obscenos, pero no desagradables. La chica se fue despojando poco a poco de las telas que cubrían su cuerpo, mientras se movía al ritmo de la música. Sus caderas bailaban en círculos, y sus pechos parecían tener vida propia. Toda ella era puro fuego y despertó el deseo de su amo en pocos movimientos. Ya solo le quedaba una fina tela cubriéndole el sexo cuando Jamar se levantó y se acercó a ella. Aleeha dejó de bailar y fijó su vista al suelo. Cogiéndola por la barbilla él le susurró al oído:
Haré que no olvides nunca esta noche .
Y de un empujón la tiró de espaldas sobre una mesa, preparada para la ocasión con grilletes en las esquinas. Los guardas le ataron las manos y los pies, así que su cuerpo quedó inmóvil, en forma de X, tapado solo por la seda del sujetador y una tela que poco cubría.
Aleeha estaba completamente paralizada. Tenía los músculos tensados, estaba abierta al máximo de su flexibilidad, quizá un poco más. Jamar se tumbó sobre ella, aun vestido con su túnica negra habitual, y empezó a chupar y lamer aquellos pechos tan firmes y suculentos. No lo hacia con delicadeza, los mordía, pellizcaba y apretujaba a su antojo. Aleeha dejó de mirarle e intentó concentrarse en alguna otra cosa que distrajese su atención, cuando se dio cuenta de lo que pasaba a su alrededor no supo reaccionar.
Por todas partes los hombres habían decidido que ya habían comido suficiente, y se habían apuntado a la orgía. Justo en frente veía como una rubia de grandes pechos se arrodillaba frente al hombre que la había requerido, y levantándole la túnica, se metía su polla hasta lo más profundo de su garganta. A derecha e izquierda había hombres y mujeres follando, mamando, sodomizando, sin ningún orden establecido. Había trios, escenas lésbicas, de todo. Fue tal el shock que Aleeha tuvo al ver aquello que ni recordaba porque estaba allí. A las niñas nunca se les hablaba del sexo ni nada relacionado, ya que al señor le divertía más estrenar a vírgenes sin conocimiento del sexo que a expertas en la materia.
Jamar la hizo volver a la realidad cuando, sentado en su cara, le presionó el glande duro y palpitante contra la boca. Aleeha recordó a la rubia de grandes pechos que había visto hacía un momento, y copió sus gestos. Abrió al máximo la boca y no puso obstáculos a aquella gran verga que se introducía por primera vez entre sus labios. La sensación de ahogo era pronunciada, pero no dijo nada, simplemente dejó que Jamar fuese marcando el ritmo, poco a poco ella se acomodó a sus embistes y pensó que tampoco estaba tan mal, después de todo, aunque empezaba a dolerle la mandíbula de tenerla tan abierta tanto rato. Jamar incrementó la fuerza de sus embistes y cuando sintió que se iba a correr cogió a Aleeha de los pelos, se la clavó hasta el fondo y le gritó:
Trágatelo todo zorra! Si veo caer una sola gota de mi leche fuera de tu boca..
No acabó la frase porque empezó a correrse entre espasmos de gozo. Al señor le excitaba en sobremanera saber que engañaba a estas chicas, que estaban bajo su control y no podían escapar. Sabía que la estaba violando pero que ella no osaría decir nada. Cada vez que estrenaba a una nueva zorrilla el placer que sentía era indescriptible. Pero con Aleeha era especial. Deseaba hacerle daño más que a nadie en este mundo.
Aleeha sintió que se atragantaba con la espesa corrida de su amo. No paraba de soltar chorretones de leche caliente y agria directamente a la garganta de la joven. Y seguía con su mano tirándole del pelo para que ella no pudiese apartar la cara. Cuando se lo hubo tragado todo Jamar le ordenó limpiarle la polla, que seguía tan dura como antes, hasta dejarla reluciente. Cuando el señor se canso de que se la mamara, y sin ningún preámbulo, se situó entre las piernas de la muchacha, apuntando con su polla al cerrado agujero de la chica. Ella no sabia muy bien cual era el siguiente paso, pero tras la mamada y por lo que veía a su alrededor, se imaginó por donde quería meter su amo el gran miembro palpitante. Eso hizo que Aleeha se tensase aun más. Jamar lo notó y aprovechó para dar su primera embestida, llevándose por delante la virginidad de la chica al tiempo que esta lanzaba un grito desgarrador. De un solo golpe había metido casi la mitad de su miembro en ese cálido y ajustad o agujero. Y era de un importante tamaño, si le añadimos además el gran glande que iba en cabeza.
La chica sintió como le desgarraba de un solo golpe. No había podido evitar gritar, y las lágrimas caían por sus mejillas mientras lanzaba gemiditos de dolor. Sabia que gritar estaba castigado y no quería sufrir mas de lo estrictamente necesario. Jamar dio un segundo empujón y su polla quedó completamente ensartada en el coño de la joven. Que delicia sentir la presión de un coñito virgen y tenso. No había nada que igualase eso. Bueno, si que lo había, pero aun era muy pronto, quedaba mucha noche por delante.
Una vez abierto el camino Jafar cogió el culo de la chica, lo levanto para poderla meter mas profundamente, y aprovechando así para meterle un par de dedos en su agujerito de atrás. Cuando estuvo en una postura cómoda empezó a follársela sin piedad, se la metía hasta el fondo a golpes. Aleeha solo sentía dolor. Tenia el gusto amargo de su semen en la boca, la acababan de desvirgar y esos dedos en su culito no le hacían presagiar nada bueno. Cuanto más lo pensaba más tensa se ponía, y más disfrutaba Jamar. En una de las embestidas la polla se salió del preciado agujero que la cobijaba, Jamar no tubo ni que pensárselo, fue un acto reflejo. Así como estaba se la ensarto en el culo.
Aleeha: Jamas había sentido nada así. Fue tal el dolor que hasta llegué a perder la consciencia un momento, cosa que agradezco, aunque desearía que hubiese durado más mi desmayo, para no tener que aguantar el resto de la noche .
Jamar lo hizo a sabiendas que en la posición que estaba ella, atada y con los músculos tensados, metérsela por el culo seria muy doloroso para ella. Fue doloroso hasta para él, pero de la excitación que sintió al introducir su pene en ese agujerito, más prieto que el anterior, y ver como Aleeha se desmayaba por un momento, no se pudo contener por mucho tiempo y dejo que chorretones de leche inundaran los intestinos de la chica.
Descansó un momento, dejando caer todo su peso sobre la recién estrenada esclava, y cuando se sintió recuperado, sacó su polla del culo de Aleeha y se la metió de nuevo en la boca. La pobre chica casi vomita al sentir el olor de su propio culo, su coño, su sangre, el semen, todo dentro de su boca. Aun así era su deber obedecer, así que reprimió su asco y le dejó la polla bien limpia.

Autor: Morgause
Morgause@mailpersonal.com




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