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Categoría: Heterosexual
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Aventuras Morbosas
Rosamary le dio la espalda colocándose frente al espejo y moviendo el culo provocativamente, se sacó las puestas lentamente. La chica no dejaba de mirarla directamente a través del espejo y Rosamary, se agachó un poco para dejar las bragas sobre el asiento y de paso rozarla con su culo. Cogió una de las nuevas y se las enfundó procurando exhibirse en la maniobra y mostrar al máximo sus encantos.
Tampoco me veo bien con ésta. Dijo sacándoselas de nuevo. Sabía que estas maniobras excitaban a cualquiera, ver a una preciosa chica sacarse y ponerse bragas, pone cachondo al más frígido.
Oye ¿Donde están las que traías puestas?. Preguntó la muchacha.
No llevaba. Respondió y añadió. Normalmente no llevo, pero mañana voy a una reunión muy seria y no me gustaría llamar la atención, por un pequeño descuido.
Yo tampoco llevo. Dijo, Lucy que así se llamaba la chica del almacén Y uniendo la acción a la palabra se levantó la falda para demostrar lo dicho, diciéndole.
¿Ves?. Me encuentro mejor sin ellas y son un molesto impedimento. Buen coño, si señor, pensó Rosamary contemplando a través del espejo la imagen de su ligue , y girándose, puso la mano sobre el aterciopelado conejillo mientras le pegaba un beso en la boca cogiendo desprevenida a la chica, que a duras penas tubo fuerzas para corresponder, puesto que le empezaron a flaquear las piernas, dada la destreza con la que Rosamary ya la estaba masturbando, diciéndole. Ya veo cariño.
Había que ir deprisa pues estas situaciones no podían durar demasiado, dadas las características del lugar. Su lengua se metió dentro de la boca de la chica y sus dedos exploraron el coño en toda su extensión, buscando la manera de introducirse entre aquellos ardientes pliegues de carne, lo más rápidamente posible y provocar el orgasmo.
Con el rabillo del ojo miró al espejo y como había supuesto el hombre estaba mirando por debajo del panel. Con hábiles movimientos, cambió de posición y apoyó la espalda contra el separador, de esta manera el hombre podía disfrutar de la visión de las dos y de la paja que le estaba propiciando a Lucy. Vio en el espejo como el hombre sacaba la cabeza por debajo del separador para colocarse debajo de las dos. Rosamary abrió las piernas y empezó a masturbarse ella también con la mano que le quedaba libre, permaneciendo así unos segundos y darle al caballero la ocasión de disfrutar de la visión de sus chorreantes coños , de la agilidad de sus dedos y la estudiada técnica masturbatoria de ella, luego deslizándose con la espalda contra el panel, fue agachándose hasta colocarse sobre la cara del hombre que, como consecuencia de alguna gota que le había caído en la abierta boca que se acopló perfectamente al coño metiéndole ágil y hábilmente la lengua, ya había saboreado sus jugos. Mientras, ella ya estaba chupando el rosado mejillón de Lucy. Entonces la puerta se abrió y apareció la estudiante.
¡NO MOLESTES AHORA!. Le gritó Rosamary, fuera de sí, al verse interrumpida en la gustosa y sabrosa labor de sorber aquel chocho ardiente, molesta por tener que dejar, por un momento, el chupeteo y lengüeteo que estaba volviendo loca de gusto a la dependienta, (que dicho sea de paso era multi orgásmica) y se retorcía de placer, soltando en cada orgasmo una buena ración de jugo en la boca de Rosamary.
La estudiante salió y se metió de corrido en el probador del hombre y arrancándose los vaqueros, más que sacándoselos, se colocó a horcajadas sobre el recto miembro y apartándole la mano con la que él se estaba dando gusto, se clavó aquella polla hasta lo más hondo, bajando y subiendo lentamente para follarse con aquel potente pene.
Lucy no podía gritar como acostumbraba a hacerlo cuando la follaban en los lavabos de las discotecas y se corría en la boca de Rosamary silenciosamente, con bruscos saltitos y convulsiones y un ronroneo de placer contenido.
Rosamary chorreaba de gusto en la boca del hombre que, apartando la argolla de las Bolas Chinas con los dedos, chupaba y lamía de manera colosal, proporcionándole una extraordinaria gozada y que se tragaba todo los jugos que ella le soltaba y que como ya sabemos no son pocos. La boca del hombre se le acoplaba a la perfección y absorbía como una ventosa, de tal manera, que la obligaba a correrse una y otra vez.
El eyaculó mitad dentro del coño y la otra mitad en la boca de la estudiante, que al notar que el hombre iba a correrse , se salió para meterse aquel cimbreante badajo en la boca y tragarse toda la leche que pudo, mientras terminaba de vaciarse metiéndose los dedos hasta el fondo del chochito .
Como pudieron recompusieron sus ropas con rapidez, Rosamary y Lucy lo tuvieron fácil pues solo era cuestión de bajar la falda y cuando la primera salió a la puerta después de dejarle la dirección a Lucy, el hombre la alcanzó y colocándose a su lado le dijo.
Tienes el coño más sabroso que me he llevado a la boca en mi vida. Y añadió.
Te estaría chupando toda la noche.
Ella no había saciado su sed y él chupaba bien, le faltaba algo y sabía lo que era, por lo que respondió Tu mismo.
Cogieron el autobús, ella se sentó como siempre en el lateral frente a la puerta y el lo hizo a su lado. Se le notaba muy excitado y Rosamary lo provocaba aún más si cabe, abriéndose de piernas a todo aquel que entraba.
Él la seguía como un perro, estaba ciego de lujuria quería meter la cabeza entre aquellos muslos y mamárselo hasta la locura. Aquel chocho que era un pozo de cremosos y sabrosos jugos inagotable. ¡Y él estaba sediento de sexo!.
Llegaron al apartamento y ella, sin más, se tumbó en el suelo con las piernas abiertas y las rodillas levantadas. Él la empezó a lamer suave y cadenciosamente, pero el pensamiento de Rosamary estaba en otro lugar. De repente le dijo.
Ven siéntate en el sofá.
Y arrodillándose ante él, le desabrochó la bragueta, extrajo aquel miembro duro y tieso, y se lo introdujo en la boca y empezó a chuparlo con fruición, con ganas, con prolongados lametones por toda la caña , relamiendo el glande, apoyando los labios con besos succionadores, bajaba hasta los testículos lamiéndolos y metiéndoselos en la boca para jugar con ellos con su lengua, para luego volver a chupar el palpitante cabeza .
El semen brotó a borbotones, golpeándole el paladar, llegando hasta el fondo de su garganta. Caliente y cremoso, con aquel sabor dulzón que le invadía todos los sentidos. Y mientras salía de aquel pedazo de ardiente carne a trompicones, entre espasmos, ella lo retenía por algunos momentos en la boca para pasearlo y paladearlo, aprovechando hasta la última de sus gotas, pues sabía que no había mucho.
El hombre eyaculó hasta la más remota milésima de esperma, por dos veces consecutivas, puesto que Rosamary seguía chupando incansablemente y luego, por unos minutos aquel pene se desmoronó volviéndose flácido, pero ella no desistió y sin sacarlo de su boca lo reanimó.
¡Lo había conseguido!.
¡Qué placer más inmenso el que experimentaba sintiendo como crecía, como palpitaba!. Para ella significaba un triunfo, el dominio absoluto de la situación, la sensación de poseerlo sintiéndolo rendido, completamente vencido. No llegó a la erección plena. Su lengua jugaba con el glande y por unos momentos, aquel miembro que tenía por completo dentro de su boca se puso duró, se agitaba anunciando la llegada del caliente semen y cuando sintió que él iba a correrse una vez más (ya era la tercera), dejó que el capullo llegase al fondo de su boca, allí donde se inicia la garganta, para sentir aquel chorro penetrarle, directamente, cuello adentro, quemándola como fuego.
Él quedó sumido en un letargo que parecía no iba a tener fin y se durmió.
Nadie la había penetrado desde hacía muchos días y su chocho pedía leche . Solamente aquel tremendo plátano se había alojado en su interior por aquel día, aún que había de reconocerlo la había llenado por completo, pero su coño pedía semen caliente, puro esperma de macho que la inundara por todos los rincones de su vagina. Sentía su entrepierna hirviente. Lo notaba entre los muslos, abultado y ardiente. Le producía la sensación de querer reventar.
Se fue a la cocina cogió la botella de coñá y se echó un trago para templarse. El coño le quemaba, latía feroz, boqueaba pidiendo polla , pero sobre todo esperma, semen, leche espesa , viscosa y caliente, que le llegara hasta todos los rincones y pliegues internos de su sexo, que llegase a bañarle la matriz. Presumía que aquel hombre no podría calmarla y preparó y calentó una carga para su gran consolador con dispositivo eyaculador.
Salió de la cocina y al pasar por el salón vio que él dormía profundamente, agotada su fuerza por las mamadas que ella le había proporcionado. Lo cierto era que su boca había saciado la sed de hombre que parecía inagotable pero ahora era su chocho el que exigía su ración y al pobre no se le podía pedir más.
Fue al dormitorio, del cajón del armario sacó el estuche con múltiples vibradores y consoladores colocándolo sobre la mesita de noche y se tumbó en la cama. Abrió las piernas y extrajo las bolas chinas del interior de su vagina y que había llevado durante todo el día. Tan caliente estaba que ni se había acordado de sacárselas en los almacenes ¡Y el tampoco las había sacado cuando le comió el coño !. ¡Una. y. dos, que gusto le proporcionaban con cada salto al salir!. ¡Un grueso lagrimón acompañó a cada bola!.
Empezó por acariciarse el hinchado sexo, estaba ardiendo. Sus dedos juguetearon por la mojada raja. Ambas manos se ocupaban en la tarea de calmar la excitación de aquel palpitante monte de Venus, que más que monte era un volcán a punto de entrar en erupción. Un dedo penetró en su interior hurgando nervioso y proporcionándole aún mayor excitación. La otra mano siguió las caricias por las nalgas buscando la entrada trasera, comenzando el intento de penetración anal, el esfínter se dilató correspondiendo a la provocadora caricia. ¡Cómo se conocía!. Ya eran dos los dedos en el coño, cuando el índice de su mano izquierda penetro por el ano y comenzó a moverse nervioso entrando y saliendo lenta y suavemente, gracias a la lubricación que le llegaba el chorreante coño, en el que ya eran tres los dedos que habían logrado tomar posiciones. Se miraba al espejo del armario al pie de la cama y su propia imagen la excitaba aun más, obligándola a arremeter con furia en su perfecto oficio de masturbación y calmar aquellas dos hambrientas que pedían más y más.
Cogió un Lady Finger y empezó a pasarlo por encima de la vulva, pero desistió puesto que su excitación había superado el poder de aquel pequeño artilugio, apto para ocasiones menores. ¿Quizá la trabajaría mejor el consolador vibrante?. Lo tomó y se lo introdujo hasta el fondo. Estaba tan caliente y mojada que se deslizó suavemente y más que metérselo parecía que era su vagina la que lo engullía. ¡Aquello ya estaba mejor!. El hormigueo que producía al vibrar en su interior, se esparcía por todo su cuerpo llegando a esa parte del cerebro donde se concentra el poder sexual. Dejándolo allí , bien incrustado. Se dedico a llenar hasta su máxima capacidad el depósito del consolador eyucalador. Tumbada en la cama, colocó dos almohadas bajo su cabeza para contemplarse cómodamente en el espejo. La visión era completa, sus morenos y bien formados muslos temblaban ligeramente y del coño emergía una mínima parte del vibrador envuelto en la seda de sus negros rizos. La parte de la sábana bajo su culo estaba empapada por los líquidos que eyaculaba. Se abrió la blusa y se acarició los pechos y empujando uno hacia arriba consiguió alcanzar el pezón con la punta de la legua. Con los dedos recogió sus propios jugos y se untó los pezones volviendo a lamerlos alcanzando a chuparlos. El coño se estremeció y el consolador comenzó a salírsele. Dejó que lo hiciera solo mientras seguía lamiéndose los pechos y hurgando en su ano con el dedo y cuando cayó entre sus muslos, metió otra vez los tres dedos en su interior buscando la máxima excitación. Sintió que faltaba poco para el orgasmo final, para la gran corrida, era como si en su vientre, un extraño recipiente elástico se llenara hasta más allá de su capacidad tensando sus paredes y antes de reventar produjera una señal de alarma para que toda ella estuviera preparada para gozar al máximo de su desenfrenado orgasmo, y luego explotara produciendo el efecto de una líquida y ardiente cascada que se despeñaba por su interior, inundándola, bañándole todos los rincones hasta desembocar en su coño. Nuca había conseguido que su pareja se corriera dentro de ella en ese preciso momento. Reemplazó el dedo que hurgaba entre sus nalgas por el consolador vibrador con que había a masturbarse.
Con rabia se introdujo el consolante eyaculador, metiéndolo y sacándolo por completo una y otra vez para, en el momento justo de su gran orgasmo clavarlo hasta el fondo y disparar toda la carga que contenía (doble de lo normal) al encuentro de la suya.
Quedó un rato sobre la cama, relajándose, dándole tiempo a él para que recuperara fuerzas, adormecida y suspirante, mientras del coño fluían mansamente los líquidos acumulados en su interior. Se durmió y cuando después de un rato se despertó aún más ardiente.
Con la sensación de no haber satisfecho el deseo de llenar su coño de verdadera leche, salió al saloncito en busca del macho productor de semen. ¡Se había marchado sin, siquiera, decirle adiós!. ¡El Muy canalla!.

Autor: ARTESCO
VIVERE@terra.es




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