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Categoría: Fantasias eroticas
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Las Aventuras de Pucio
Como ya os relaté en mi historia anterior decidí huir del monasterio para practicar todas aquellas cosas
que había visto en aquella sagrada cocina. Mi oportunidad tardó algo en llegar y aún tuve que esperar
unos meses hasta que aprovechando una visita a Córdoba de un obispo castellano pude hacerme un
hueco en la comisión de frailes que iba a presentar sus respetos. Abandonamos el monasterio de
madrugada antes de amanecer y yo me quedé el último de modo que al doblar varias esquinas pude
escaparme. Pronto me puse en camino hacia Doña Mencía, pueblo donde vivía un buen amigo de mi
padre y mío. Ni que deciros tiene que pasé muchas penurias en el viaje y que gracias a un usurero o más
bien a una de sus mulas conseguí llegar al pueblo aunque tuve que defender mi virilidad pues el usurero
resultó ser uno de esos hombres a los que les gustan jovencitos. Una vez llegué al pueblo me dirigí a la
casa de Maese Yánez , buen amigo de mi padre.
Dios mio Pucio, ¿que hacéis por estos lares? , me preguntó al verme agotado a la entrada
de su caserón, yo llevaba el pantalón roto por la lucha que mantuve con el usurero por salvar la virginidad
de mi trasero.
Maese Yánez, me envía mi padre a aprender vuestro empleo, me entregó una carta para vos
pero la perdí, como el mismo dice no valgo para nada, mentí yo con la mejor de mis caras.
Que alegría muchacho!! Tu padre no me ha avisado pero te recibo con mucha alegría como si fuerais hijo mío, Felisa preparale unas gachas al mozo!
Resultó que Felisa era la hija de Maese Yánez y por todos los olivos de Andalucía les prometo que era la
más guapa que había visto hasta ahora.
Pasó el tiempo y me puse como aprendiz de Maese Yánez a curtir y trabajar pieles, oficio que
no me gustó para nada, pero que aguanté con ganas porque mi objetivo era Felisa. Esta moza tenía
unos 17 años y era morena con unos ojazos verdes que le resaltaban en una redondeada cara. Sus
pechos eran firmes y bien proporcionados mientras que su espalda acababa en un hermosísimo culo.
Desde el primer momento quise poseerla pero debía andar con cuidado. Las primeras semanas casi no
hablamos peor siempre traté de rozarla a la menor oportunidad, notaba como se le enrojecía la cara
luego deduje que yo le gustaba, Cierto día, estando en la cocina, aproveche para agarrarla de la cintura
y apretarla contra mi cuerpo:
Descarado Pucio!!,gritó, estás loco?? Si mi padre nos ve nos mata! El quiere que me despose
con el hijo del prestamista que posee muchas posesiones!
Tranquila Felisa, confía en mí, nunca haría nada que te hiciera daño, yo sólo quiero
demostrarte cuanto te aprecio.
Ella intentaba safarse pero yo vencí su debil resistencia de modo que no sólo le manoseé el culo sino
que pude introducir la mano entre sus ropas y tocar sus labios íntimos.
Tuve que separarme de ella
rápidamente porque entraba Maese Yánez en la estancia, pero me di cuenta que había abierto el camino.
En los siguientes días ella me evitaba pero pude trabarla en varias ocasiones y besarla de
modo que ella tenía que responderme. De esta forma aproveché una noche muy cálida y me aventuré
hasta su habitación, a oscuras y para desdicha de mi canilla me fui arrastrando y conseguí introducirme en
sus aposentos. Llegué hasta su cama y le toqué el pelo, ella se despertó y casi grita pero se dio cuenta
que era yo y reprimió el grito:
Pero como os atrevéis?? Pucio abandonad mi habitación o gritaré!!!,
Yo no le hice caso y le tomé las manos a la vez que la besaba, ella abandonó toda resistencia y se dejó
llevar de modo que pensé que ella lo deseaba tanto como yo. Tomando la iniciativa me bajé mis
pantalones, si sí los mismos del usurero, y le introduje rápidamente mi miembro en su boca. Su cara
reflejó sorpresa primero, luego asco y luego. comenzó a chupar con brío.
Para mí, que era la primera
vez, supuso un éxtasis, algo maravilloso inigualable la sensación de su rasposa lengua en mi glande y de
su húmedos y suaves carrillos , incluso se atrevió a morderme con suavidad a lo que se me escapó un
grito. y algo más porque con un gemido descargué en su boca a lo que ella, tosiendo atragantada, se
viró retirándome la cara. Hubiera continuado pero oí un ruido de Maese Yánez de modo que me subí los
pantalones y reptando como una serpiente peluda me volví a mi cama solo pero desahogado.
Completamente obsesionado tuve que esperar a mi siguiente oportunidad pero como no llegaba me atreví a poseerla en cualquier momento y cualquier lugar de modo que dos semanas después
de nuestro primer encuentro me decidí. Maese Yánez dormía la siesta después de almorzar en un asiento
de la principal estancia de la casa, allí mismo estaba Felisa cosiendo lo que parecía una camisa, yo me
acerqué despacio y sin que se diera cuenta hasta que me tuvo delante, me abrí la parte delantera del
pantalón y ella comenzó a chupar, a ambos el hecho de que su padre estuviera durmiendo a escasos dos
metros nos daba mucho morbo, me chupó el pene hasta que casi reviento pero la paré con la mano y le
hice darse la vuelta le levanté la falda y observé sus labios que procedí a morder suavemente pero
estaba tan excitado que no estaba para muchos preámbulos de modo que la penetré y comencé a
bombearla violentamente de modo que ella tuvo que morder la camisa de su padre que estaba cosiendo
para contener los gritos, yo continué pero descargué rápido tan excitado estaba, eso si sin dejar escapar
ni un solo gemido de mi boca, le besé toda la espalda y tan contento me levanté los pantalones pero he
aquí que al darme la vuelta vi un un mazo dirigirse hacia mi cara a una velocidad de espanto bien dirigido
por Maese Yánez y se hizo la oscuridad. Me desperté cuando anochecía, solo, con la camisa de Maese
Yánez rota por los dientes de su hija como unico equipaje a un lado del camino que llevaba a Córdoba,
mi nariz que estaba hinchadísima y que estaba manchada de sangre seca me impedía respirar bien, me di
cuenta que estaba solo de nuevo y con un nuevo camino por delante.

Autor: cordobes0002
cordobes0002@hotmail.com



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