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Categoría: Heterosexual
Valor de este relato: 5.00
Enviado por: Jas1984v


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La psicoanalista sexual


Prólogo

Al abrir los ojos veo como un hilo de saliva salía de mi boca y llevaba a un gran miembro que sin darme tiempo a respirar volvió a introducirse en mi boca.

No sabía donde estaba, no sabía quién era el que estaba penetrándome la boca, pero me daba igual.

Noto unas manos agarrar mis caderas y pasar la lengua por el agujerito de mi culo, cuando pensaba que no podía sentir más placer, alguien se coloca por debajo y empieza a chuparme el clítoris.

La persona que tiene su erección en mi boca me agarra los pechos y tira de fuerte de mis pezones haciendo que estos se endurezcan, saca su erección de mi boca y me empuja la cabeza hacia abajo, espero encontrarme el miembro del que está devorando mi sexo, pero en su lugar me encuentro una húmeda hendidura y entierro mi lengua en ella.

El que hasta hace un momento estaba comiendo mi agujerito, empieza a follarme el culo, mientras la mujer sigue absorbiendo mis jugos y metiendo un par de dedos en mi interior.

Me agarran del pelo y me obligan a volver a chupar la polla del hombre que tengo delante, me la mete en la boca un par de veces, la saca y veo como penetra con fuerza a la mujer que tengo debajo, repite esta operación varias veces, la penetra con violencia haciendo que toda ella se mueva debajo de mí, la saca y me la mete en la boca con la misma violencia, cuando hace esto acaba moviendo mi cuerpo entera por lo que el hombre que tengo detrás siente más placer con mi involuntario movimiento.

Mientras la mujer está siendo penetrada, traslada todo el placer que está recibiendo en más fuerzas a la hora de comerme la entrepierna y de penetrarme con sus dedos.

El hombre que está penetrándome por detrás está a punto de eyacular por lo que saca su miembro de mi interior y se lo mete en la boca a la mujer que tengo debajo para acabar en su boca.

El hombre que estaba penetrando a la mujer me coge en brazos, me sienta sobre él y me penetra el culo, abriendo bien mis piernas para ofrecerme al otro hombre que se acerca a nosotros y me atraviesa con fuerza.

En esa posición estoy doblemente penetrada, cada uno va a un ritmo diferente y yo siento que me van a partir en dos además de que voy a morir de placer, puedo ver como de fondo la mujer se toca mientras nos mira, le digo que se acerque y ponga su entrepierna en mi boca.

La imagen es morbosa y excitante, una mujer siendo penetrada por dos pollas y a la vez lamiendo todos los jugos que salen del centro de otra mujer, sigo sin saber quienes son, sigo sin poder distinguir sus caras y sigo sin saber donde estoy, pero de lo que estoy segura es de que estoy muriendo de placer y de nuestros orgasmos están cerca.

Sacan sus miembros de mi interior, cogen a la mujer, nos ponen a las dos de rodillas una al lado de la otra, mueven sus miembros hacia arriba y hacia abajo para acabar ambos eyaculando encima de nuestros pechos y nuestras caras. Ella se acerca a mis pechos, los coge con ambas manos, los junta y los lame de arriba abajo para no dejarme ni una gota de su semen en ellos.

Noto como algo cae encima de mí, me sobresalto, me siento en la cama y miro a mi alrededor, solo veo a Misi dando vueltas por la cama ronroneando.
Capítulo 1

Son solo las 9 de la mañana y ya como siempre empieza mi rutina, debo empezar a hacer cosas nuevas sino acabaré aburriéndome de mi propia vida y no podré ayudar a los que vienen a contarme la suya.

Me he despertado tarde porque anoche tuve que relajarme por el sueño tan caliente que había tenido, empecé con mis dedos, pero al final acabé con el vibrador que compré hace unas semanas en una página erótica que me recomendó una amiga mía Rolsxual se llamaba la web, un nombre muy apropiado.

Me he levantado corriendo y mi compañera de piso estaba usando el baño, cuando me ha dejado usarlo, al meterme en la ducha me había dejado sin agua caliente… todas las mañanas me hace lo mismo, un día de estos la mato o la mando a tomar viento fresco.

Al ir a tomarme el café de la mañana me he manchado la camisa y era la única que tenía limpia por lo que he tenido que cogerle una a mi compañera, ella tiene menos pecho que yo por lo que la camisa hace que se vea un escote generoso además de ajustarse totalmente a mis curvas. Normalmente voy con camisas más tapadas ya que trabajo con un montón de gente con problemas y no quiero ir demasiado provocativa.

Por fin puedo salir de casa, me miro al espejo, voy todo lo decente que puedo con la camisa de Cristina y con el pelo recogido, a ver quién es la guapa que se lava el pelo con agua fría por la mañana.

Llegó a mi despacho y miro mi agenda, el primer paciente del día es Iván, ha venido a consulta porque ha tenido varios problemas de disfunción eréctil y estamos tratando de averiguar que es lo que puede ocurrirle, realmente pienso que es un problema de que se crea demasiadas expectativas y al final se agobia tanto que acaba fallándole lo más importante.

-Iván pasa, ¿de qué quieres hablarme hoy?

-Verá doctora, llevo varios días con la fantasía de llevarme a una persona muy especial para mi a la cama, pero me da miedo quedar con ella y pedírselo.

-¿Tú preocupación viene por el miedo a poder tener otro gatillazo?

-Sí

-Bien, esto es un problema de psicología básica, tu ves el encuentro sexual como algo más de lo que es, es la unión de dos cuerpos que intiman, que se respetan y que ambos se unen de forma libre.

-Sí, pero quiero que todo salga perfecto.

-Ese es tu problema, tienes que dejar de pensar en como sería y dejarte llevar por el momento. ¿Cuéntame como te enfrentarías a un encuentro sexual? Ahora mismo es más fácil que lo imagines y me lo cuentes a que lo pongas en práctica.

-Vale. “Suelo verla con frecuencia en el trabajo, pero no hay nada especial solo somos dos compañeros que trabajamos codo con codo, se nos escapa alguna sonrisa, pero no suele ir más allá, se que ella sabe que siento interés por como es y creo que ella también lo muestra por mí, pero me da miedo. Yo la observo, paseo mi mirada por su escote y sueño con liberar sus pechos de ese sujetador tan apretado, tocaría su espalda hasta arrimarla a mí.

Imagino que mientras nuestras lenguas luchan en nuestras bocas ella clava sus uñas en mi espalda, nos besamos el cuello, dejando una pequeña marca de los dientes en nuestra piel sin miedo a sentirnos y con una gran excitación por parte de ambos.

La pondría sobre la mesa de la oficina, esa mesa que siempre está llena de informes y de una foto suya con sus padres en su graduación. Tiraría todo al suelo de un manotazo y la subiría a ella. Le quitaría la falda de tubo y con ella las medias. Iría ascendiendo por la cara interna de sus muslos que son tan suaves y tan deliciosos, me quedaría a pocos centímetros de su centro de placer para crear expectación, soplaría sobre ella para poco a poco sacar la punta de mi lengua y dar un pequeño lengüetazo en su interior. Pasaría la lengua por su interior sin dejarme ni un solo hueco mientras ella gritaría de placer.

En ese momento, sería ella la que tomara las riendas de la situación, se bajaría de la mesa, me agarraría sin dejar de besarme, me lanzaría contra la mesa sin miramientos, pero con ganas, me besaría y yo la dejaría hacer, pasaría su lengua por mis pezones y me daría pequeños mordiscos en ellos, con su mano pasaría su mano mi erección, la mayor erección que he tenido nunca.

Desabrocharía mi pantalón e iría bajando su lengua por mi abdomen hasta llegar al tronco, iría pasando la lengua por ella subiendo y bajándola hasta metérsela entera en la boca. Ella desconoce las ganas que tengo de penetrarla y de todas las veces que he soñado con se momento, por eso se lo toma con calma. Introduce mi pene en su boca, lo chupa, lo saborea y se lleva un poco de líquido preseminal, muerde la punta de mi capullo, mis ganas por penetrarla me ganan podrían conmigo.

La levantaría y la pondría de nuevo sobre la mesa, abriría sus piernas y situaría mi erección entre ellas, para comenzar a penetrarla de forma suave y lenta, ella pondría sus piernas por detrás de mi cintura para agarrarme y que la penetración fuese más profunda. Estaríamos los dos unidos por el mayor de los placeres, acabaría agarrándola del pelo y tirando de el hacia atrás para dejar su cuello al descubierto y poder así besarlo. Esperaría que ella estuviera cerca de su orgasmo para conseguir llegar juntos y así lo haría, subiría el ritmo de las embestidas y escucharía como sus gemidos me piden más, cuando yo estuviera a punto de llegar a mi clímax se lo haría saber para que ambos nos dejásemos llevar por el placer.”

Cuando termina de relatar su fantasía no puedo evitar sentirme muy húmeda, además veo una gran erección en su pantalón y mis instintos más primitivos me piden que me lance a él y que devore su entrepierna, pero no puedo hacerlo.

-Iván, ¿cómo te sientes?

-Estoy bien, estoy excitado y me avergüenza decirlo, pero tengo una gran erección.

-Pues cuando estés con tu persona especial, recuerda esta sensación y no te crees ninguna expectativa, deja que las emociones fluyan. La semana que viene nos veremos por la tarde serás el último paciente e igual me pongo una falda de tubo.

Iván se va desconcertado por mi último comentario y yo estoy tan cachonda que mi mente ahora mismo solo piensa como llevarme a ese hombre a la cama.
Capítulo 2

El resto de la semana pasa sin más novedades, me limito a ir a la consulta ver a los pacientes y estar por casa con mi compañera viendo películas.

En mi mente se pasean mil formas de acostarme con Iván, mil formas de seducirlo, mil formas de meterme en la boca la erección que pude apreciar a través de la tela del pantalón, me imagino con la falda descruzando las piernas para que vea que no llevo nada de ropa interior y volviendo a cruzarlas.

En las noches sucesivas a la consulta me despertaba con deseo, algunas mañanas me despertaba antes de que sonara el despertador y me masturbaba en la cama. Eran unos orgasmos llenos se sensualidad y que a pesar de tener la mente adormecida me calmaban los instintos más básicos.

A veces ponía mi almohada entre mis piernas y pensaba que era un pene gigante que intentaba entrar en mí. Me movía con la almohada entre las piernas, rozándome para así sentir la calidez que me proporciona el roce con mi sexo. Otras veces jugaba con mi vibrador imaginando que Iván era el que me penetraba, los orgasmos me dejaban tan relajada que volvía a dormirme hasta que el despertador taladraba mis oídos, recordándome que tengo que volver a la realidad.

En el despacho mi menta hacía que viera en cada paciente un potencial candidato para apagar mi fuego interior, hombres en los que antes nunca me había fijado ahora me parecen atractivo y en cada consulta me los imagino devorando mi entrepierna o penetrándome encima del diván. He llegado a fantasear con algunas mujeres que vienen a la consulta, nunca habría imaginado que me pusiera tanto verme con una mujer, pero Iván ha sacado la fiera que llevaba dentro.

Hoy es el día en el que voy a ver a Iván en la consulta y me he despertado antes de que sonara el despertador, quiero estar irresistible para que nada más entrar por la puerta no pueda controlarse y tenga ganas de empotrarme contra el diván.

Los pacientes fueron pasando sin más por mi consulta, me esmeré en tomar notas porque no estaba prestando atención a lo que me decían solo estaba pendiente al reloj pues en cualquier momento Iván podía llegar.

Iván se retrasa y ya van 5 minutos, yo estoy que me voy a subir por las paredes, cuando llega puedo ver que está muy guapo vestido, lleva una camiseta más ajustada de lo normal por lo que observar como la tela se le pega a sus duros abdominales.

-Hola Iván, ¿cómo te ha ido la semana?

-Muy bien, tuve un pequeño acercamiento con mi compañera y tuve una erección que solamente se bajó cuando fuimos pillados por otro compañero y tuvimos que disimular.

-Eso está muy bien, pues siéntate y vamos a comenzar la sesión.

Me levanto de mi silla para cerrar la puerta de la consulta con llave y al darme la vuelta me choco con Iván, él me sujetó para que no me cayese y así podía notar todo su cuerpo pegado al mío. Se me olvidaron todas las frases ingeniosas que tenía preparadas para conseguir mi propósito, mientras me mantenía sujeta yo estaba recreándome en sus facciones, él parecía no estar incomodo con ese inocente contacto por lo que doy un paso más y me lanzo a besarlo, su boca estaba seca pero pronto se humedeció con el contacto de nuestras lenguas.

Joder como besa Iván, baja sus labios hasta mi cuello y empieza a pasar la lengua por él mientras yo clavo mis uñas en su culo y hecho la cabeza hacia atrás para permitirle el acceso. Yo me estaba derritiendo en sus brazos y mis manos quieren tocar más por lo que desabrocho el botón de su pantalón y se los bajo para así agarrar su erección con mi mano. Aún no está del todo empalmado, pero se puede notar una gran erección.

Me agacho y me meto su erección en la boca, me la metí con voracidad en la boca, después de unas pocas lametadas empecé a notar como iba creciendo. El empezó a mover su culo follándome la boca, yo miraba hacia arriba y veía como empezaba a gozar de verdad.

Hace que me levante y me coge en brazos para sentarme encima de la mesa, con su boca busca mi cuello y después mis pechos, mordisqueaba, chupaba y succionaba hasta ponerme los pezones duros, con una de sus manos me quitó las bragas que llevaba debajo de la falda de tubo negra.

Sujeté su cabeza con mis manos y lo fui guiando hasta llegar a mi sexo. Su lengua pasaba lentamente por el interior de mis muslos, primero uno y después otro, mientras hace esto a mi cuerpo lo va recorriendo una corriente eléctrica desde la punta de los pies hasta la coronilla. Abrió mis labios con sus manos para enterrar su boca en mi sexo, empiezo a gemir como una loca, al principio da lametadas suaves que me recorren entera para luego hacer movimientos sobre mi clítoris para terminar penetrándome con su lengua.

Le quité la camisa, le arañaba la espalda, uno de sus dedos entró en mi interior mientras que la otra mano iba apretujando mis pechos, yo quiero más y se lo hago saber levantándolo de su posición.

Saca un preservativo de su cartera, se lo puso y acercó su erección a mi sexo, me arrimo a él para que esa barra de carne entrara en mi interior. Empezó con movimientos lentos, pero aceleró, a la cuarta embestida yo ya me había corrido, él se dio cuenta por lo que se salió de mi interior, me llevo al diván. Por fin mi fantasía se vería cumplida.

Me tumba sobre el diván y se pone sobre mí, noté como poco a poco su punta iba entrando en mi interior y como mi sexo se iba abriendo a su paso, sus manos no paraban de tocar todo mi cuerpo, mis pechos, mi cara, mi abdomen, una vez la tuvo toda dentro comienza un movimiento suave y acompasado, le pido que me penetre más fuerte y eso hace, aumenta su ritmo, en pocas embestidas más tengo otro orgasmo más y él entre mis piernas se deja ir viendo mi propio placer, acelera su ritmo para conseguir su máximo placer y lo consigue en pocas embestidas más.

Al terminar y salirse de mi interior ambos nos quedamos sobre el diván intentando acompasar nuestras respiraciones, intentando volver a la normalidad, pero no podemos dejar de tocarnos y de besarnos.

Iván se levanta y va al baño que tengo dentro de la consulta, yo me arreglo lo más que puedo y viendo como han quedado mis pelos me quito la cola y dejo que mi melena caiga por mis hombros y algunos mechones por mi cara.

-Iván, creo que hemos progresado mucho y el problema por el que venías ya está solucionado.

-Sí, doctora, pero no quiero terminar con las sesiones.

-Las sesiones tienen que terminar aquí, pero te doy mi número personal y podemos vernos cuando quieras fuera de la consulta.

Iván se va de la consulta y yo me quedo pensando en lo que ha pasado hay dentro, creo que he cruzado una línea y que me va a costar mucho volver a la normalidad con mis pacientes, se ha despertado algo en mi cabeza que llevaba mucho tiempo dormido.

Desde que mantuve relaciones con Iván en la consulta me está siendo muy complicado concentrarme en los demás pacientes, me cuentan sus problemas yo los escucho y le doy algunos consejos que pueden ayudarle a tomar ciertas decisiones en sus vidas.

Hacer esto me recuerda a la etapa en la que era yo la que estaba en el diván y tenía que escuchar consejos de una persona que no sabía nada de mi vida y sobre todo que sabía lo que yo le contaba pero no lo había vivido por lo que no podía entenderme, así que, que ahora sea yo la que de los mismos consejos me resulta un tanto cómico… también es cierto que elegí esta profesión porque entablé una relación muy especial con mi terapeuta, falleció hace poco pero conseguimos tener una relación de amistad pasada la terapia.

En casa todo sigue igual, Cristina y yo vemos películas, jugamos a juegos de mesa y comemos mucha comida basura. He empezado a levantarme antes que ella para ducharme y no quedarme sin agua caliente.


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