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Categoría: Azotes
Valor de este relato: 5.00
Enviado por: elzorro333


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La Alternativa (cuarta y última parte)


Antonio

Antonio había accedido al trabajo tras presentarse a un examen. Previamente, había asistido a un curso teórico-práctico que se impartía por las tardes, dos horas de lunes a jueves. Junto a Antonio, otros cinco candidatos, tres mujeres y dos hombres, con edades que oscilaban entre los 22 años y los 47 años, participaban de manera activa. El profesor era Luis, uno de los fundadores de la "Alternativa" y contaba con un asistente, Pedro, que compaginaba el trabajo diario con las clases.

La "Alternativa" había nacido cinco años atrás. La idea era clara, la sociedad había perdido la idea de lo que significaba disciplina. La falta de educación y responsabilidad para con el resto de ciudadanos era patente. A la larga, la libertad en este sentido, el dejar que cada uno se busque la vida; había dado algunos resultados positivos y funcionaba para muchos. Pero era innegable que algunos ciudadanos y ciudadanas tenían problemas laborales, o incluso, en otros ámbitos, se sentían frustrados cuando no conseguían sus objetivos y no había nadie para corregirlos. ¿Por qué no implantar un sistema disciplinario? Propusieron un grupo de personas. Sería de carácter voluntario, solo para adultos y se aplicaría en el ámbito del trabajo, pero también, cualquier adulto que lo decidiese, podría usar el sistema. Los siguientes meses se dedicaron a poner esto en práctica, crear reglas, experimentar. Los resultados fueron satisfactorios y el gobierno dio luz verde a la iniciativa dándole un carácter oficial. En la actualidad se estimaba que un 80% de los trabajadores estaban inscritos al programa.

El primer día de clase, recordaba Antonio, fue "especial". Tras presentarse uno a uno y decir que les impulsaba a trabajar en esto, Luis tomo la palabra.

"Damas y caballeros, más allá de la teoría, que pueden consultar en cualquier parte. El propósito de este curso es enseñarles la parte práctica. Sí, aquí aprenderán a azotar traseros con la mano, a manejar la vara con destreza, pero también a controlar situaciones y transmitir a los ciudadanos que les toque disciplinar, la dosis adecuada de dolor y humillación que corresponda. No se engañen, habrá algunos que resistirán estoicamente mientras la vara muerde sus nalgas, pero otros llorarán al sentir los primeros azotes. Ustedes están aquí para, de una manera profesional, lidiar con cualquier situación. Lo primero que les habrán contado es que esto no tiene carácter sexual... Bien, no voy a engañarles... Tener a la vista un culo, palmearlo, observar como se mueve bajo los golpes de tiene connotación sexual. Luego es algo que está ahí y con lo que hay que convivir,forma parte del trabajo. Dicho esto, desde el primer día, aparte de estudiar "culología"... No se rían, es una asignatura muy importante. Tendrán que experimentar por si mismos, aunque sea de manera semireal, que se siente en todo este proceso y para ello se tienen los unos a los otros. Si entre ustedes, que estarán un mes y medio compartiendo este proceso de aprendizaje no logran que funcione, imaginen con el comportamiento impredecible de otros. Empezaremos por algo práctico... Pónganse en pie y desnúdense por favor. La primera regla es eliminar la vergüenza, que la desnudez no les pille desprevenidos, si no que sea algo natural."

Poco a poco, todavía sin saber muy bien donde estaban, tratando de asimilar la charla, el alumnado se empezó a quitar la ropa mecánicamente.

"Bien, ahora que todo el mundo esta en bolas, nos presentaremos de nuevo"


Del curso le quedó a Antonio un buen número de amigos y amigas con los que poder hablar de todo y una experiencia teórica y práctica de primer nivel que en su trabajo diario se mostraba de lo más útil.

La ex-enfermera y Juan

La ex enfermera se levantó del escritorio donde estaba para dar la mano a Juan.

"Bienvenido, siéntate por favor."

"Veamos Juan. Según se indica aquí, llevas trabajando para tu empresa bastantes años con una conducta intachable. Sin embargo, de un tiempo a esta parte has bajado, según tu jefe, un poco el listón. ¿correcto hasta ahora?" Interrogó la mujer mirando a Juan directamente.

"Correcto." Respondió escuetamente el aludido con algo de nerviosismo.

"Y finalmente, la causa de que estés aquí es la pérdida de un cliente. Un error de chequeo según parece. Bien, según esto, se te condena a recibir treinta golpes con la vara."

"Correcto." Juan asintió.

"Pues vamos a ello.Lo primero que vamos a hacer es echar un ojo a tu culete para verificar que todo este en orden."

Mientras tanto, en la sala de espera contigua, ajena a todo esto. Mónica leía un folleto donde se hablaba de "otras actividades". Al parecer, aparte de dispensar disciplina de manera individual, también había actividades los viernes y algún fin de semana. En ellas, se aplicaban sesiones temáticas de disciplina terapéutica, donde un grupo de individuos, dirigidos por el staff del centro, representaban un papel. Era típica la escenificación de la escuela, donde unas alumnas y unos alumnos algo creciditos usaban uniformes, copiaban en los exámenes y eran castigados por ello en frente de la clase o enviados al despacho del "director". Otros escenarios eran un gimnasio, con colchonetas y potro o una clase de baile, solo por citar los más comunes, pues había de todo tipo. Sin ir más lejos, la próxima "representación" tendría como protagonistas a ciudadanos disfrazados con trajes típicos del Japón más tradicional. El castigo estrella, a parte de las clásicas nalgadas, en las que la azotada, ataviada con kimono, pedía perdón en japonés con un sentido "gomennasai"; era uno consistente en que la persona que iba a recibir la tunda, se postrase boca abajo en el suelo, a ambos lados, dos ejecutores, armados con paddles, golpeaban rítmicamente las posaderas expuestas. En este tipo de actos participaban las personas que iban a ser disciplinadas, el staff y un grupo reducido de público, "los mirones".

Juan se levantó y dio la espalda a Isabel.

"Bájate los pantalones... Eso es, y ahora inclínate... No dobles las piernas, manos en las rodillas."

El culo de Juan tenía bastante vello y una raja generosa.

Silvia cogió una linterna y proyectó el haz de luz hacia el trasero de Juan.

"Ahora apoya las manos en las nalgas y sepáralas un poco."

Juan, totalmente ruborizado, hizo como se le mandaba, exponiendo su ano.

"Todo bien. Puedes vestirte y tomar asiento."

Ambos volvieron a sus puestos. Mónica, tras teclear algo en el portátil se levantó.

"Espera un momento aquí, ahora vuelvo. Si tienes ganas de orinar este es el momento."

" gracias, está bien así." Respondió el aludido.

La mujer se encaminó hacia la puerta, Juan la siguió con la mirada, observando el movimiento de sus nalgas.¿ Se estaba convirtiendo en un mirón? Nada de eso, simplemente había algo familiar en Isabel. Como si hubiesen compartido algo.

La aludida volvió en cinco minutos acompañada por Antonio, al que ella presentó como la persona que "le iba a calentar el trasero" y los tres entraron en la habitación contigua. Una silla de metal, un armario y una especie de camilla, constituían la decoración del lugar.

"Bien Juan." Comenzó a decir Antonio. "Lo primero que haremos será precalentar la zona."

Diciendo esto se sentó en la silla de metal. "Venga aquí, bájese los pantalones y la ropa interior bien abajo. Eso es, ahora sobre mis rodillas. ¿Está cómodo? Zapatos fuera por favor." Y en cuanto acomodó al cliente, comenzó a azotar con energía el peludo culete.

Isabel salió de la habitación cerrando la puerta tras ella para regresar a la sala de espera donde estaba Mónica e invitarla a entrar en el despacho.

Tras tomar asiento detrás del escritorio suspiró.

"Hoy vamos un poco contrarreloj." Confesó.

"Mi culpa." Intervino Mónica. De alguna manera hablar la relajaba.

"No. Si estuviera aquí mi otro compañero.Pero ha tenido que irse, volverá esta tarde."

Tras unos segundos, prosiguió.

"Disculpa todo esto. Vamos a centrarnos en tu caso. En cinco minutos tengo que volver ahí dentro. Pero antes la revisión. Ya sabes, tenemos que ver que el trasero está en orden."

Mónica se levantó. Tenía como un vacío en el estómago fruto de los nervios. Respiró profundamente dándose ánimos para sí y expuso el culo.

Terminada la inspección, Isabel la invitó a ir al cuarto de baño. Mónica aceptó.

"Mientras voy a la otra sala, estaré de vuelta en diez quince minutos, ok?"

El baño era simple, pintado de azul claro; un inodoro, un lavabo y un bidé. Se respiraba una especie de fragancia a rosas. Nuestra protagonista, sentada en la taza, pensaba en lo que la esperaba. Ya era tarde para echarse para atrás.

"Ya estoy de vuelta." Dijo Isabel abriendo la puerta.

Juan había sido despachado en diez minutos. Todo había ido muy bien.

"¿Nerviosa?" Dijo dirigiéndose a Mónica.

"Es normal. He leído tu ficha. Te gusta el alemán... Bueno, haz empezado con ello. Yo también estudié un poco en su día, me acuerdo de los números y poco más. Pero cuéntame, que te ha llevado a vernos."

Mónica relato su caso, desnudando su alma, contándole todo. De alguna manera se sentía bien haciéndolo y el nerviosismo, con las palabras, parecía disminuir.

Minutos más tarde,con el rubor dibujado en su cara, Mónica se ayudó de manos y piernas para incorporarse. Antonio acababa de propinarle una azotaina.

Frente a ella, aguardaba lo que a Juan le había parecido una camilla. Se trataba de una camilla doblaba por la mitad. A los lados, tenía adheridas unas tiras de cuero.

"Bien Mónica. Tras este correctivo, llegó el momento de la verdad. Acércate. Eso es, reclina el cuerpo sobre... Mejor desnuda quizás." Comentó Isabel.

"Pero..."

"Mónica, creo que necesitas un toque de intensidad mayor. Quítate toda la ropa. Eso es, el sujetador también. Antonio y yo queremos verte totalmente desnuda... Brazos a los lados. Bien... ¿Qué me dices de los pechos Antonio?"

"Unas tetas de primera."

"Y el culo... no me digas que no está para comérselo ¿Es feo ese culete?"

"Para nada, es un bonito culo, de los mejores que he visto." Añadió Antonio.

"Estoy de acuerdo contigo Antonio. Pero he de añadir que la propietaria de esas nalgas, no se lo cree, está algo confundida y... Y comete fallos tontos. Y estamos hablando de una chica superpreparada, culta, con un novio que no la merece. A veces es un poco traviesa, pero eso tiene remedio verdad."

La cara de Mónica se puso, si cabe, más colorada que antes.Esa mezcla de humillación y alabanza la había tomado por sorpresa, nunca antes la habían dicho tantas cosas a las claras.

Antonio puso un fino cojín sobre la "camilla", Mónica apoyó su tripa sobre el cojín inclinándose. Isabel, usando las tiras de cuero, amarró las manos de la chica. Mientras tanto, Antonio colocaba el cabello de la chica a un lado indicándola que apoyase la cabeza de lado. Finalmente, con un dedo, dibujo una línea partiendo de la cabeza, siguiendo por la espalda desnuda y terminando justo en el nacimiento del culo de la muchacha, quien, notando el cosquilleo, contrajo las nalgas. Después de esto, fijaron sus piernas a las patas de la camilla con otra pareja de correas.

Tras unos interminables segundos, la vara manejada con destreza por Antonio, silbó. Mónica, de forma refleja, hizo ademán de contraer las nalgas y mordiendo el labio esperó el golpe. Pero este no llegó.

"Perdón." Dijo Antonio.

"Ahora sí." Continuó.

Y tras el silbido llegó el ¡zas!.

El zurriagazo cruzo el indefenso culo de Mónica.

"Mejor contamos. ¿Sabías alemán, no? Qué se dice?"

"Eins" exclamó Mónica, todavía sorprendida. Sin lugar a dudas la vara se sentía, vaya si se sentía.

Y así, golpe a golpe, número a número, Antonio castigó a Mónica. En el número "zwanzig" (20)
Las lágrimas, lágrimas de dolor, vergüenza y redención, aparecieron en el rostro de Mónica. El castigo acabó con el golpe veinticinco. Al levantarse, gimiendo, apoyó su cuerpo en el de Isabel, abrazándola mientras decía todavía pensando en alemán "Danke" (gracias). Luego se abrazó con Antonio.

"Ven aquí dijo Isabel"

Mónica obedeció.

"Sobre mis piernas."

Esta vez, en lugar de azotes, sus nalgas recibieron una toalla húmeda y una mano femenina acariciándole el cabello.

.........

EPÍLOGO

El vagón del tren estaba medio lleno cuando Juan entró. Había algunos asientos libres, sin embargo, una chica de pelo largo estaba de pie. Juan se acercó y ella levantó la vista, al reconocerlo sonrío.

- ¿Qué casualidad? -

- Sí, volvemos a vernos... Ahora que lo dices... Tu venías en el tren al principio de semana, leyendo un libro. El día ese que estaba petado de gente. -

- Sí, es cierto, y tu eras un tipo con un maletín, comprimido como una sardina en lata.- dijo Isabel.

- Bueno, ibas bien rodeado, una chica alta de buen ver a tu derecha y varias tras de tí... Tan mal no se estaba. - continuó pícaramente la chica.

Juan algo azorado, tardó un par de segundos en responder cambiando de tema.

-Qué tal estás? Bueno... Que tal fue todo... Ya sabes."

- Bien confesó Isabel... Bueno, ya sabes, hoy prefiero ir de pie, pero salvo eso bien. Mejor de lo que pensaba. -

Juan notó más aplomo del normal en la chica. Una característica que la hacía, si cabe, más atractiva.

- ¿Te parece si tomamos algo esta tarde? - Soltó Juan.

- Vale - respondió Isabel - así me cuentas como te fue.-

.....

Nota del autor.

Aquí termina la historia que quería contar. Espero que les haya gustado tanto como a mí el haberla escrito. Indicar, como se suele hacer en estos casos, que todos los personajes que aquí aparecen son fruto de la imaginación de un servidor y que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Internet, los videos, fotos e historias han servido de fuente de inspiración para este relato. En ningún momento he intentado ofender o humillar a nadie, si no exponer una fantasía, que aun siendo tal, intenta hacer ver toda la dignidad que hay en el ser humano, independientemente de su condición, raza, color, sexo o forma de pensar. No tengo conocimiento de que "La Alternativa" sea o vaya a ser un proyecto, pero me gustaría que lo fuera, y me gustaría trabajar codo a codo con Isabel y Antonio, conocer a alguien como Mónica, cambiar impresiones con Juan, acudir a las clases de Luis y Pedro o tener a mi cargo a una becaria como Sonia.



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