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Valor de este relato: 3.00
Enviado por: elzorro333


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La Alternativa (segunda parte)


Isabel y Antonio (Un día después) (Parte II)
Isabel acababa de cumplir los treinta y siete años. Tenía un rostro agradable y no era particularmente alta, pero tampoco baja, media melena, gafas de pasta. Nunca había estado delgada, pero tampoco gorda, era una mujer con curvas, curvas que sin duda hubieran destacado algo más en alguien de más estatura.
El reloj marcaba las nueve menos diez cuando llegó al portal de un edificio donde se juntaban varios negocios de todo tipo, gimnasios, peluquerías, centros de belleza . La oficina estaba en la planta primera, por lo que nuestra protagonista optó por subir las escaleras a pie. No era una entusiasta del deporte, pero le gustaba aprovechar cualquier oportunidad para moverse. Llamó al timbre, no esperaba encontrar a nadie todavía, sin embargo, para su sorpresa, Antonio abrió la puerta.
- Al no verte en el metro pensé que llegarías más tarde. - dijo.
- Ya ves, hoy he madrugado. - respondió Antonio.
A Isabel le gustaba llegar la primera, aportando al ambiente el aroma a jazmín de la colonia que usaba; no obstante encontrar allí a su compañero, elegante, joven (con 23 años podría ser su hijo), siempre de traje, era algo que estaba lejos de disgustarla. En su anterior curro, trabajaba de enfermera "especialista", como le gustaba decir a los curiosos. El trabajo, el noventa y cinco por ciento de su antiguo trabajo, consistía en poner inyecciones en el trasero. Había visto culos de "todos los colores" y muchas caras también. El trabajo le había gustado porque podía relacionarse con gente, observarla, intentar adivinar que se le pasaba por la cabeza cuando ordenaba la "bajada de pantalones", transmitir calma y al mismo tiempo clavar con maestría y determinación la temible aguja en las nalgas de la víctima. Era una experta pinchando y muchos pacientes, tras levantarse de la camilla, le agradecían su destreza. La verdad es que era un buen trabajo, de esos que se echan de menos. Pero entonces surgió esta oportunidad, algo nuevo, un nuevo reto, es verdad que todavía recordaba con nostalgia el olor a alcohol... pero este nuevo trabajo también tenía su particular atmósfera... y no estaba para nada arrepentida del cambio.
"David ausente... hoy Antonio y yo al frente del chiringuito." pensó mientras encendía el portátil y comprobaba la lista... bueno, no muchos... Pedro, Patricia, un tal Juan a las once, Mónica once y cuarto... - "casi se juntan", pero bueno, en principio no pasa nada.
- ¡Antonio! has leído los casos. -
- Por encima, ahora iba a ello. - respondió el chico encaminándose hacia la habitación.
- Si te parece me encargo yo de Mónica. Me refiero a la introducción y chequeo inicial.- continuó Antonio.
- ¿Mónica? Mejor yo que he estado hablando con ella. - ordenó la jefa
- Y también de Juan... aunque tú te encargas de la fase de precalentamiento de ambos ¿ok? , Ya sabes, por las mañanas estoy algo floja - continuó.
- Perfecto, así lo hacemos. - concluyó el chico con una voz de lo más profesional.

**********************************************
Mónica (una hora antes)
La alarma del móvil rompió el silencio de la habitación. "Alarma fuera" ordenó al aparato Mónica, mientras se estiraba; todavía estaba medio dormida. La claridad se colaba por la ventana presagiando un bonito día. En la mesilla descansaba el libro que había estado leyendo el día anterior. Mónica intentó sonreír, pero solo consiguió dibujar una mueca. Estaba de mala leche por dos motivos, bueno, por tres. El primero era porque el maldito despertador la había devuelto a la realidad privándola de un mundo de sueños. Los sueños, junto con los libros, le permitían a una escapar de la realidad. El segundo motivo era que ayer, una vez más, la había pifiado en su intento de reincorporarse al mundo laboral, solo dos días después de empezar en ello. Por algún motivo siempre tenía que decir o hacer algo inapropiado, demasiado atrevido. Esta vez había contestado de mala manera a su recién estrenada jefa y había opinado sobre la decoración de la oficina. Un minuto después había rectificado, pero su jefa había tomado para entonces una decisión. "Mira, creo que no eres la persona que buscamos" había dicho su superiora con tono de fastidio. La tercera razón era que celebraba su vigésimo noveno cumpleaños y en su mente se repetía el mantra "cada día soy más irresponsable... caigo mal a todo el mundo... mi actitud no cambia... y para colmo mi novio no me convence, asiente a todo, parece un maldito mayordomo ".
"Bonito día." dijo en voz alta unos minutos después intentando sonreír por segunda vez mientras se ponía de pie. Distraídamente se rascó las nalgas, apoyó el peso de su cuerpo en la otra pierna, y volvió a rascarse las nalgas. Le gustaba rascarse el culo, era algo íntimo, placentero, reservado para ese momento de la mañana. Instantes después, se decidió a caminar hasta la cocina donde se sirvió un vaso de leche, bebió un sorbo y sin saber muy bien el motivo, se tiró un sonoro pedo. Normalmente, aunque estuviese sola, solo dejaba escapar ventosidades en el cuarto de baño. "Ahora me dedico a hacer cochinadas", pensó mientras se echaba el cabello a un lado, revelando de manera sensual el cuello. "Pues sabes lo que te digo, que me voy a tirar otro a tu salud ex-jefa." , sin embargo, nada más hacer el esfuerzo para dejar escapar una nueva ventosidad, se arrepintió y apretando el esfínter, evitó la salida del aire. "Ella no tiene la culpa de que seas como eres" pensó y se dirigió al cuarto de baño.
La puerta del cuarto de baño se cerró tras ella, amortiguando el sonido de los gases.
Después de hacer sus necesidades, tirar de la cadena, ducharse y peinarse. Mónica se sentó en una silla, dispuesta a leer, pero enseguida lo dejó, su mente estaba en otro lugar. "Tengo que hacer algo." y armándose de valor marcó el teléfono de la página web que había estado mirando la tarde anterior. Una voz femenina respondió.
- Mónica al aparato, en que puedo ayudarte. -
- Buenos días... eh, mire, quería pedir hora para hoy.-
- Hoy está un poco complicado.-
- Gracias, lo entiendo... pero, es que sabe... me ha costado decidirme y bueno... creo que puede funcionar.-
- Ok, entiendo... A las 11:15 podríamos intentarlo.-
- Ok, a las once y cuarto entonces.-
- No te olvides de rellenar el formulario y contarnos los detalles. ¿Te dará tiempo?-
- Sí, me pongo ya mismo con ello. Gracias. -
- Gracias a ti.-


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