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Categoría: Fetichismo
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Enviado por: elzorro333


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Susana


"Susana era nueva en la oficina. Parecía una chica maja. Rostro agradable, gafas y media melena; uno sesenta y ocho, más delgada que gorda, tetas ni grandes ni pequeñas y trasero adecuado, quizás un pelín caído. Susana era algo tímida con los desconocidos, pero en cuanto tomaba confianza era de las que hablaban bastante. Alguna vez pecaba de un poco de egoísmo, en el sentido de que aunque escuchaba lo que otros le contaban, siempre sacaba a colación sus problemas... Un buen día, Susana se metió en un lío de los gordos. Por error había enviado un comentario privado donde criticaba el trabajo con copia a su propia jefa Lucía. Enseguida se dio cuenta del desliz, pero era demasiado tarde. Por fortuna, o eso pensó ella, su jefa acababa de abandonar el despacho. Momento que aprovechó la chica para , a escondidas, entrar en el despacho vacío de su superiora, y borrar el email que la comprometía. Pero la mala fortuna hizo que su compañero, Juan la pillase infraganti.

- ¿qué haces? - preguntó Juan.
- nada, venía a recoger un tema que me comentó Lucía. - mintió.

Juan era un hombre experimentado. Vestía traje y corbata, pelo corto, media estatura y bastante vello corporal. Susana había respondido demasiado deprisa, había algo que no cuadraba.

- ¿y qué te mando recoger? - prosiguió su compañero de trabajo.
Susana pensó con rápidez, no se le ocurría nada en ese momento y estaba irritada con la pillada.
- ¿y a ti que te importa? - espeto.

Juan la miró, y ella supo que había cometido un error hablándole así, quiso rectificar, pero ya era tarde. Juan se acercó al ordenador y vio que la bandeja de entrada estaba abierta.

- ¿qué has hecho con el correo de Lucía? - continuó.

Ante el silencio de la muchacha, siguió hablando.

- Bueno, ya que no me lo cuentas a mí, supongo que se lo dirás a Lucía. Voy a decirla que venga.-

- ¿Espera? - le paró Lucía.

- Sí.-

- Podemos hablar en algún sitio... privado.-

Ambos fueron a la cocina donde no había nadie. Allí, Susana acabo confesando todo. Lucía era una jefa muy estricta y tenía miedo de que la echara por lo que había hecho... Ya era de por sí malo poner pingando a la empresa, cuanto más invadir la privacidad del despacho y borrar los correos de tu jefa. Estaba sentenciada si Juan cantaba.

- Pues no veo mucha salida.- dijo Juan.
-has sido una chica mala y a las chicas traviesas hay que castigarlas. -
- Cástigame pues, pero no digas nada a Lucía, please- imploró Susana.

Esta bien.

A la hora de la comida la oficina se vaciaba. Juan y Susana se metieron en el baño de las chicas y Susana echó el pestillo.

Juan bajó la tapa de la taza y se sentó. Luego, cogiendo por la cintura a Susana, la atrajo hacia donde estaba, la desabrochó el cinturón y el botón del pantalón, bajándole la cremallera.

-Bájate los pantalones y las bragas-

Susana obedeció. El culo de la muchacha no defraudó a Juan. Cierto que la gravedad tiraba un poco del trasero hacia abajo, pero las nalgas eran deliciosas y la rajita espectacular, de esas que engullen con avidez la tela de las bragas y obligan a su propietaria a tirar de ella cuando nadie mira.

Al instante colocó a la "desafortunada" muchacha sobre su regazo y empezó, sin más ceremonia, a golpear con la mano sus nalgas, haciéndolas bailar.

Susana, con la cara encendida, trataba de guardar la compostura. No se quejaba por miedo a que alguien entrase en la oficina y los pillase. En algún momento, este pensamiento también cruzó por la mente de Juan... Pero la danza del trasero que tenía ante sus ojos era algo que merecía el riesgo... Además, el riesgo era tan excitante. 10 minutos después, dejó que Susana se incorporase. Su pene había crecido bajo sus pantalones y costaba trabajo ocultar la erección. Ambos estaban calentitos. Susana aprovechó el descanso para frotar sus nalgas. Juan se levantó. -déjame ver.Buen trabajo, pero todavía faltan unos diez, te parece. - Susana asintió. -ven aquí. No hace falta que te tumbes, así de pie, como los adultos - dijo agarrándola de la cintura. Ella apoyó todo su cuerpo contra él. Las tetas presionando el pecho de Juan y su cabeza descansando en el hombro de su compañero, descalza, casi de puntillas. Juan maniobró con su mano libre y le dio un azote, y luego otro, alternando las nalgas. Así hasta la decena prometida. Después, soltando a la muchacha, levantó la taza, y sin importarle que la chica estuviese allí, se desabrochó el botón, bajó la cremallera y sacó su miembro. Cogiendo un trozo de papel higiénico, las gotas de semen que se adherían a los pelos colindantes, gotitas que habían humedecido su calzoncillo. Susana, que no se había molestado en subirse bragas y pantalones, no perdía detalle de lo que ocurría.

-Tengo ganas de hacer pis - dijó la chica cuando Juan subió la cremallera. Y sin más, tomo asiento en el inodoro, ajustando su colorado pompis.Unos segundos de silencio, una ventosidad y el ruido de un hilo de pis intermitente chocando con la taza. Hecho esto, tras limpiarse con papel higiénico. Se subió bragas y pantalones y se lavó las manos. -Podemos irnos.- dijo a Juan. Ambos escucharon el ruido del silencio para cerciorarse de que no había moros en la costa y tras mover el pestillo, abrieron la puerta y salieron del baño. Tenían tiempo de sobra todavía para ir a comer algo.

En una esquina, amparado por las sombras, David, que había oído la "música", empezó a maquinar.


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