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Categoría: Incestos
Valor de este relato: 4.33
Enviado por: alejandrogusta


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MI PAPÁ


Mi historia ocurrió hace ya mucho tiempo.
Mi papá tenía 32 años, siempre alegre, cariñoso y muy juguetón con mis hermanos, conmigo algo menos juguetón ¨porque con las niñas no se podía ser brusco¨.
Vivíamos en un ranchito en lo profundo de la sierra, a media hora en caballo del pueblo más cercano, recién había cumplido yo 18 años, era una niña más bien flaca, lo que creo yo resaltaba más las tetitas que ya desarrollaba.
Mi madre, en su avanzado estado de embarazo del sexto hijo, se sentía muy cansada para ir al lugar donde laboraba a llevarle comida a mi papá, así que me mandaba a mí. Los primeros días llegaba con él, esperaba a que terminara de comer y luego regresaba a la casa.
Cierta tarde muy calurosa, me puse un vestido suelto de tirantitos que además ya me quedaba chico y la parte de abajo apenas me llegaba a la mitad de los muslos. Por otro lado no llevaba sostén, como no tenia, mi madre me hacía poner una camiseta, pero ese día tan caluroso, opte por no usarla. El caso es que cuando llegue con mi papá, se me quedo viendo en forma diferente por unos momentos, luego se sentó en un tronco y mientras comía sentía sus miradas como si quisiera ver más allá del escote o más dentro de la falda.
Cuando terminó sus alimentos me hiso parar frente de él, tomando los tirantes del vestido, los deslizo por los hombros bajándolos lo suficiente para destapar mis tetitas, las agarro una con cada mano dándoles apretoncitos.
“Mira tú, me dijo, ya no tas tan niña”, aunque me extraño un poco su conducta nunca pensé eso fuera algo malo, al contrario, el contacto de sus manos en mis tetitas resulto muy agradable; segundos después me bajo más el vestido dejándolo caer al suelo, para luego bajarme los calzones hasta las rodillas, pasando las yemas de los dedos sobre el escaso pelusín, casi vello púbico. Solté una risita porque me hiso cosquillitas.
-“Mira nada mas, dijo, si ya hasta pelitos tienes”, después me paso un dedo por la rajita, que me hiso sentir un delicioso cosquilleo que subía por dentro hasta el fondo de mi vientre, y después como si nada, me planto una nalgadita y me dijo que ya no le quitara tiempo y me fuera a ayudar a mi madre.

Al otro día volví a llevarle comida a mi papá, con un vestido similar y claro, sin camiseta, en cuanto termino de comer, me pidió me quitara el vestido y me sentara de lado en sus piernas, así, con una mano me abrazo por la cintura y con la otra se puso a jugar con mis tetitas, me gustaba tanto como las apachurraba con los dedos. Después paso a mi rajita, frotándola con suavidad, suspire y pregunto…
-“¿Te duele o te gusta?”.
-Se siente rico, musite.
Luego me hiso ponerme de pie, dándome una sonora nalgada, que me dolió un poco, diciendo…
-”Mi costal de huesos, pero con buena grupa”, rio un poco y me mando de regreso a casa.

Al llegar por un momento pensé platicarle a mi madre como jugaba con mi papá, pero por alguna razón en lo profundo de mi mente pensé era mejor guardarlo en secreto. El siguiente día, apenas podía esperar el momento de acudir con mi papá, al llegar, lo divise en lo más alejado de la parcela, junto al rio, bajo el árbol más grande, corrí a su encuentro, me abrazo fuerte dándome un besito en la frente, luego me levanto el vestido sacándomelo por la cabeza, me hiso acostar junto al árbol sobre una cobija que tenía lista ahí. Acomodándose a mi lado, agarrándome las tetitas alternadamente con una mano, por mi parte, no sé ni porque me dio por acariciarle el pecho desnudo, nunca antes me había fijado, que a pesar de lo delgado, tenía los pectorales bien marcados, al tacto duros como piedra, el caso es que con cada apretoncito era como si una corriente eléctrica me recorriera por la espina, a lo profundo del vientre descargándose justo en la vagina haciéndola palpitar.

De repente me pellizcó un pezón tan rico que me hiso estremecer hasta los huesos, soltando un profundo suspiro, -“¿Te dolió?”, me pregunto.
- No, respondí con un leve movimiento de cabeza. Repitió el pellizcó ahora en el otro pezón, nuevamente me estremecí y suspire, sentí la rajita mojarse, como si me estuviera haciendo pipi.
-“¿te gusta?” pregunto de nuevo.
- Si, respondí apenas susurrando. Soltó la teta bajando la cabeza chupándola, jugando con la lengua en el pezón, primero una y luego la otra, una de sus manos la metió bajo mis calzones, frotando con 2 dedos la rajita, la sensación fue tan deliciosa que por instinto separe las piernas, levantado la pelvis para dejarlo llegar mejor. Recuerdo que gemía y suspiraba como loca, sin saber cómo reaccionar ante tanto placer, empecé a suplicar
-¡Ya, ya!, aunque en realidad no sabía ya que, pero mi papá si lo sabía, se puso de rodillas frente a mí para sacarme los calzones, y luego bajarse el pantalón. no sé porque me dio miedo verlo y cerré los ojos, un segundo después tomo mis tobillos para doblar y separar mis piernas, se acomodó sobre mí, sentí algo duro y caliente rosar mi rajita, buscando la entrada, al encontrarla, penetro un poco la cueva, eso me dolió un poco, como un pellizcó o algo así luego otro empujoncito y ya lo tenía completamente dentro, sentí la vagina dilatándose al máximo, tuve que abrir la boca como si me fuera a salir por ahí, respiraba agitada, parecía me faltara el aire. me la dejo así ensartada hasta el fondo unos segundos, como esperando a que me calmara un poco, el dolorcito desapareció pronto, luego me la fue sacando despacio, casi por completo, para volver a clavarla de nuevo, así una y otra y otra vez, ya no hubo dolor solo una pequeña molestia inicial, que de inmediato se volvió, al principio una leve sensación de placer, que fue aumentado con cada clavada, lo sentía tan rico, el instinto me llevo a mover la pelvis apoyada en los talones al tiempo que la iba metiendo para tenerla lo más profundo del vientre, cada vez que el macho me llenaba, de la garganta se me escapaban suspiros y gemidos de placer, poco a poco fue aumentado la velocidad y fuerza con que la encajaba y con eso cada vez más placer, mas suspiros, mas gemidos. Finalmente me dio un par de salvajes empujones como atravesándome la matriz, gimiendo como oso herido, al tiempo que un delicioso calorcito se dejó sentir en lo profundo de mi vientre. Me la dejo profundamente ensartada por un minuto, después se dejó caer a mi lado. Descansamos unos minutos, y luego me llevo al rio, lavó con ternura la sangre en mi rajita y muslos, me asusté mucho al ver teñirse el agua de rojo, creí por un momento me había hecho daño, se dio cuenta de mi miedo, y mientras me lavaba, me dijo. –“Tranquila m’hija, esta sangrita es porque ya dejaste de ser niña y ya eres una mujer, ya no vas a sangrar otra vez. Después comió con gusto y al terminar regrese a casa, me sentía extrañamente feliz, pero sin entender que había pasado.

Al otro día la mañana se me hiso eterna, desesperada por acudir con mi papá, apenas me dio mi mamá la canasta con comida y salí casi corriendo, llevaba un vestidito de tirantes que como era de mi mama, me quedaba poquito holgado y me lo podía sacar con facilidad, solo me detuve un momento entre unos zacatones altos para quitarme los calzones, encontré a mi papa en el mismo lugar que el día anterior, junto al rio, colocando los sifones para regar la parcela, en cuanto se desocupo me abrazo fuerte y yo a él, luego me levanto un poco el vestido, me agarro las nalgas, sonrió y dijo.
.”No traes calzones”
-No, le respondí, es que hace mucho calor, sonrió de nuevo diciendo…
-“Esa m’hija, anda en celo”, termino por sacarme el vestido, dejándome desnuda, apoderándose de mis tetitas con ambas manos, masajeándolas sabrosamente, pellizcándome de vez en cuando los pezones de tal forma que me hacia estremecer hasta el tuétano, después mientras me chupaba una teta con una mano jugaba con la otra y la otra mano me frotaba la rajita, en una serie de sensaciones que me volvían loca de deseo, finalmente me hiso acostar sobre la manta junto al árbol, se recostó a mi lado para quitarse el pantalón para ese momento la rajita me palpitaba como loca escurriendo sus jugos. Luego se acomodo sobre mí, entre mis piernas que separe dispuesta, aunque con un poco de miedo imaginando me dolería de nuevo, pero para nada, me entro deliciosamente fácil, apenas una ligera molestia, sentía me no me cabía tanto animal, pero poco a poco me acostumbre a toda esa carne estirando y llenando cada pliegue dentro de mi vientre, cuando se dio cuenta que ya estaba lista empezó a mover la pelvis sacándomela y metiéndola de nuevo hasta dejar solo los huevos afuera, repitiendo el movimiento una y otra y otra vez desencadenando con cada cogida una increíble sensación de placer, pronto me vi moviendo la pelvis al compas de él, de modo que me la ensartara siempre completa, sin poder evitar suspirar y gemir cada vez, así, fue aumentando la velocidad y fuerza de la embestidas, incapaz de soportar más placer lo abrace con manos y piernas atrayéndolo con todas mis fuerzas hacia mi como deseando quedarme así, pegada a él para siempre, finalmente luego de 3 o 4 violentas ensartadas. Me la dejo clavada hasta dentro, sentí al macho palpitar en lo más profundo de mi vientre al tiempo que un delicioso calorcito lo iba llenando.

Los siguientes 2 días fueron sábado y domingo, además estuvo lloviznando, por lo que mi papá no fue a la labor. Sentía muchas ganas de abrazarlo y jugar con él, pero algo en mi interior me decía que no era bueno me comportara tan cariñosa con mi papá delante de mi mamá y hermanos.

El lunes mi papá, antes de salir le dijo a mi mamá, que aprovechando el pasto fresco por la lluvia, llevaría los animales a pastar a la orilla del monte. Igual espere la hora de llevarle sus alimentos, me puse el vestido de tirantes que use la primera vez que jugué con él, pero mi mamá, dijo que estaba fresco el día y me hiso poner una blusa de cuadritos y una faldita de mezclilla que me llegaba un poco arriba de las rodillas. Así fui a buscarlo al monte, corrí hacia él cuando lo vi, lo abrace fuerte, inmediatamente sentí al macho duro y caliente sobre el vientre aun a través de la ropa, instantáneamente las tetitas se me pusieron duras, y abajo empezó a palpitar mojándose en sus jugos, me desabotono la blusa poniéndose a jugar con mis tetitas unos minutos dándoles pequeños apretoncitos a los pezones de tal manera que me hacia desearlo ya dentro de mí, me llevo hasta un pequeño claro entre los árboles, y me hiso poner de perrito sobre una pequeña porción de pasto seco, desde atrás de mí, levanto la falda hasta la cintura, bajo los calzones hasta las rodillas y tomándome por las caderas me dejo ir de un empujón hasta el fondo todo el macho arrancándome un gritillo, entre dolor, sorpresa y placer, sin mas comenzó el meter y sacar, por momentos duro y fuerte, a veces empujándola con tal rudeza que si no me tuviera bien agarrada de las caderas me habría hecho caer de narices y por momentos con toda tranquilidad, tomándose su tiempo para irla sacando y metiendo despacio, así con los primeros llevándome al máximo placer, gimiendo y jadeando con cada embestida y en los otros disfrutando cada rose del hombre dilatando cada pliegue de mi sexo, suspirando placida, ya en la última sesión de duros embates al final me lo dejo ensartado hasta la raíz, dejándome sentir el delicioso calorcillo, en lo profundo de la matriz, que luego supe era por su semen caliente que se vaciaba en mis entrañas.

Al siguiente día, en la madrugada, mi mamá empezó con los dolores del parto, apenas salió el sol, mis papas salieron rumbo al pueblo, poco después de media tarde llego mi papá a todo galope, entro en casa recogió algunos papeles y otras cosas mientras me explicada que el parto se había complicado y mandarían a mi mamá a la ciudad, la acompañaría dejándome al cuidado de mis hermanos.

Pasaron 6 días cuando por fin llegaron, mi mamá con cara de medio muerta, tuvo una niña normal, pero se la sacaron por cesárea, tenía una rajadota en la panza, que apenas le permitía moverse. Los siguientes días me quedaba en casa ayudando a mi mamá y uno de mis hermanos se encargaba de llevarle de comer a mi papá, una noche luego de que la niña llorara un rato, sentí a mi papá salir de la casa, espere unos minutos, y como no regreso, casi como hipnotizada, me quite los calzones y salí a buscarlo, estaba junto al establo, me acerque y le pregunte que hacía, respondió que luego que la niña despertó para comer, se le espanto el sueño y salió a tomar el fresco, me deje llevar por un impulso y lo abrace muy fuerte, diciéndole que lo extrañaba mucho y me moría porque me hiciera eso, yo también te extraño, dijo, y tomándome la mano, entramos al establo, la luz de la luna entraba por las ventanas dando claridad al lugar, me abrazo desde atrás masajeando las tetitas por unos momentos de la forma que tanto me gustaba y que hacía que se me pusieran duras, además de que me palpitaba dentro de la rajita mojándose toda, luego bajo una mano que metió bajo el camisón frotando deliciosamente los dedos en mi rajita.
-“Mira la chamaca que ya viene lista pa montar, me susurro al oído.
Se quitó los pantalones, acostándose de espalda sobre una paca de pastura, me quede espantada, nunca antes lo había visto desnudo ni le había visto el macho, me pareció enorme y tan increíble que eso tan grueso y largo cupiera en mi rajita. La curiosidad fue mayor que el temor, y como si se tratara de un fierro ardiendo, lo fui tocando poco a poco, fue tan agradable sentirlo tan calientito y me sorprendió lo duro como piedra, así lo recorrí con la mano a todo lo largo, cerré mi mano alrededor pero no lo cubrí todo lo grueso, le acaricié y sopesé en mis manos los huevos gordos y peludos unos momentos. Me hizo una señal para que lo montara, guiada por él lo hice de tal forma que yo solita me fui ensartando el sexo hasta la raíz, mi papá me tomo por las caderas empezando a meterla y sacarla, pronto me encontré moviendo la pelvis como loca de arriba, abajo, de adelante a atrás y de regreso como si montara en caballo a todo galope, ensartándome el macho y restregando frenética la rajita contra la peluda base del miembro, entretanto mi papá se entretenía masajeando mis tetitas, pellizcado los pezones casi hasta dolerme, mientras yo suspiraba, gemía y jadeaba como desquiciada incapaz de soportar tanto placer, y así de repente, como si una corriente eléctrica me recorriera todo el cuerpo desde mi rajita por la columna, estallando en mi cerebro al tiempo que mi sexo palpitaba y se apretaba sobre el macho como tratando de no dejarlo ir nunca más y en eso sentirlo estremecer llenándome la matriz del sabroso calorcito en lo profundo del vientre.

Descansamos unos minutos, y luego mi papa me dijo que ya me fuera a dormir, que luego iría é. Ya casi para llegar a la casa me tope con mi mama, paseaba a la bebe en brazos, no dijo nada, pero en su mirada note que estaba muy enojada conmigo, pasaron varios días en que yo seguía ayudando a mi mamá en la casa y con la bebe, y mi hermano le llevaba la comida a mi papá, una noche me despertaron las voces de mis papas, parecían discutir, luego un largo silencio, mi mamá salió del cuarto con la bebe en brazos, fingí dormir, se acercó a mi lado y me movió un poco la cabeza con su mano, le pregunte qué pasaba y me dijo que fuera con mi papá, y sin decir más salió de la casa, un poco temerosa entre en su cuarto, me hiso una señal de que me acostara a su lado, me quito el camisón, masajeándome tan rico las tetitas, mire bajo la sabana, estaba sin ropa, con el macho enorme y listo. Mi papá hizo una pausa en las caricias para permitirme quitarme los calzones y volver a jugar con mis tetitas unos momentos más, antes de acomodarse sobre mí, entre mis piernas que separe deseosa de que llegara, mi rajita ya estaba lista, mojadita, palpitando deseosa de recibir al macho, no tardó mucho en penetrarme, suspire encantada al sentirlo dentro de mí, apenas inicio los movimientos de meter y sacar, apoyada en los talones lo seguía subiendo y bajando la pelvis, así lograr me la clavara hasta lo más profundo, llevándome al cielo del placer, ahogando los suspiros y gemidos ya que mis hermanos estaban en el otro cuarto, y por alguna razón, no quería se dieran cuenta de lo que papá me hacía, y que gozaba tanto, en un impulso lo abrace con todas mis fuerzas rodeándolo con las piernas por la cintura, clavándole los talones en las nalgas peludas como deseando metérmelo todo él en lo más profundo de mi ser, y en eso me llego el delicioso calorcito de su leche.

Esto se volvió rutina, unas noches las pasaba en la cama con mis hermanos, y otras mi mama me mandaba a “dormir” con mi papá. Poco tiempo después, el vientre me empezó a crecer, y una tarde mi mama, en tono entre enojada y resignada, me dijo que ya sabía que no tardaba en terminar preñada. Así tuve a mi primer hijo casi a los 13 años, lo parí en casa, ayudada por mi mama, y fue ella quien sugirió debía dormir con ellos para cuidar al bebe, así mi papá dormía en medio de nosotras, y él bebe en su canasta, varias veces me di cuenta mi papá poseía a mi madre, yo me hacia la dormida, hasta una noche poco después de que diera a luz, sentí a mi papá inquieto acariciando a mi mama, pero ella le dijo que yo ya había cumplido la cuarentena y que se fuera a fregarme a mí, pues ella estaba muy cansada, yo estaba acostada de lado, dándole la espalda, segundos después me abrazo desde atrás, para apoderarse de un seno con el que jugó por unos momentos, luego, la mano recorrió por mi cintura, las caderas, hasta el muslo, para luego subir un poco bajo el camisón, y bajarme los calzones un poco, sabía que mi papá me quería, mi mente lo quería pero por alguna razón mi cuerpo no respondió como antes a sus caricias, aun así, me encorve un poco, ofreciéndole el trasero, sentí al macho rosar mi rajita, y luego un dolorcillo como aquella primera vez, entro por partes a empujoncitos, mi papá se dio cuenta que no estaba lista aun, tal vez muy seca, y espero unos segundos, acariciándome la mejilla, masajeando delicadamente la tetita, dándole los pellizquitos al pezón como antes me hacía estremecer, poco a poco mis tetitas ya no tan chicas, se pusieron duritas y mi rajita se fue mojando, hasta que el deseo me llevo a mover las nalgas repegándolas a sus ingles, buscando ser penetrada más profundo, papá comprendió mis ganas e inicio el mete y saca al tiempo que yo echaba las nalgas atrás y adelante, disfrutando el delicioso placer que casi había olvidado. Esta situación se volvió rutina, por las noches a veces papá tomaba a mi mamá, otras a mí, no sé porque mi mamá nunca se volvió a embarazar, pero como comprenderán en poco tiempo ya estaba yo de nuevo preñada, la historia se repitió una vez más. Tuve tres hijos, y habría tenido muchos más pero mi papá murió cuando esperaba al tercero, lo mato un rayo cuando sembraba.

Actualmente tengo 50 años, casada con un hombre maravilloso que aunque es 15 años mayor que yo, me acepto con mis 3 hijos, porque él no podía tener los propios, me ha sabido hacer feliz, ha sido un padre ejemplar para mis hijos, solo hasta que estuve con el comprendí que la relación con mi padre, no era lo natural, como así lo pensé por mucho tiempo.




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