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Categoría: Fetichismo
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El sabor del sexo
Despues de varios años de pareja sentia que ya no excitaba de manera tan virulenta a Juan, mi marido. No repare en el asunto porque pensaba que era normal que la vitalidad de un hombre fuese decayendo con el tiempo, por lo que cuando estaba muy excitada, le provocaba haciendole una felacion o insinuandome con falditas cortas. Pero no conseguia la ereccion enorme que años atras me volvia loca.
La situacion fue cambiando cuando comenzo a pedirme sexo anal y que hicieramos un trio con otra mujer o muchas otras cosas a las que yo no estaba acostumbrada. Despues de muchas negativas a sus intenciones, dejo de tener apetencia sexual, al menos conmigo. Esto ya me enfadaba, pero no decia nada. Empece a masturbarme para apaciguar mis frecuentes excitaciones, hasta que un buen dia, me llego el rumor de que estaba siendo corneada con una compañera de trabajo, a la que mi marido comenzo a visitar con frecuencia. Me habian comentado que esta chica era muy caliente y que, al parecer, hacia todo tipo de cosas que le pedian. Habia tenido relaciones sexuales con la mayoria de los compañeros de mi marido y con alguna compañera.
No quise entrar en discusiones y me decidi en recuperar a mi marido. Para ello empece a idear planes. Lo primero que se me ocurrio fue hacer el famoso trio con ella. Desisti. Pense en ganarlo yo solita y despues ya lo hariamos en grupo.
Me reunia asiduamente con mi peluquera habitual con la que me unia una buena amistad, llegando a convertirnos en confidentes de nuestras relaciones y problemas. Ella me dijo que era recomendable que cambiara los habitos en el sexo, ya que eso con el tiempo aburria a los hombres y hacia las relaciones demasiado monotonas. Yo le decia, creyendo que estaba diciendo que lo dejara hacerme el sexo anal, que no queria porque me daba miedo el dolor que podia sentir. Me dijo que me depilara totalmente mi vagina y que usara tangas con ropa muy ajustada para provocarlo. Esto me parecio buena idea y quise llevarla a la practica.
En casa me dispuse a ducharme y en la bañera, con mi sexo enjabonado, me afeite la vagina. Puse un espejo en el suelo para ver el resultado. No quede satisfecha porque por la zona baja quedaban vellos a los que no llegaba a ver afeitandome. Llame a mi amiga y le comente lo sucedido, ofreciendose a ayudarme. Me dijo que pasara por su peluqueria a la hora del cierre y que ella me terminaria de hacer el trabajito.
Puntualmente llegue sobre las 8 de la tarde. Cerro el establecimiento y quedamos dentro las dos. He de confesar que me daba un poco de verg?enza enseñarle el sexo tan mal afeitado, pero me animo diciendo que ella tenia uno igual y que no pasaba nada entre mujeres. Me desnude de cintura hacia abajo y, sentada en el sillon que tenia en la zona de lavado de cabezas, abri mis piernas, posibilitando que ella me enjabonara con facilidad. Sentia un poco de morbo de verme en esa postura, pero no le di importancia. Ella comenzo a rasurar mi sexo muy delicadamente. Comentaba que no entendia como mi marido no se sentia atraido por esa belleza y yo me ruborizaba. Me puso de pie, pidiendome que me diera la vuelta y que inclinara mi cuerpo hacia adelante para poder llegar mejor a la zona baja de mi vagina y al culito, que tambien tenia algunos vellos.
Mientras me rasuraba, note que pasaba disimuladamente su dedo por mis agujeros. Esto hacia estremecerme y, a duras penas, ahogaba mis gemidos. Cuando termino, me seco y me dio un beso en el culito. Me dijo que ya estaba en condiciones de ser devorada. Estaba super excitada, pero no queria creerlo. Nunca tuve sexo con otra mujer y tambien sabia que ella solo habia estado con su marido, por lo que no pense en nada mas hasta que ella me dijo que tenia que comprobar si me lo habia dejado bien fino y me toco la vagina, notando mi humedad. Puso cara de asombro y me pregunto si estaba excitada por ella o porque estaba pensando en la follada con mi marido. Yo le dije que por ambas cosas, ya que sus manos habian tocado delicadamente mi sexo y nadie lo habia tratado asi, pero ya se me pasaba. Me disculpe y le dije que ya me marchaba, cogiendo mi ropa para vestirme. Ella me la retiro de las manos y se puso de rodillas delante de mi, comenzando a lamer mi rajita que estaba ya goteando jugos.
Debo reconocer que nadie me habia hecho sentir tanto placer con su lengua. Tuve un descomunal orgasmo que ella agradecio pasando su lengua por los labios recogiendo todos mis jugos que caian por mis piernas. Se levanto, me beso y me dijo que no sabia que le habia pasado, pero que sintio una atraccion muy fuerte y que, por favor, la disculpara. Le dije que no habia de que disculparse porque yo lo habia disfrutado. Me vesti y me marche a casa.
No podia dejar de pensar en lo acontecido. Constantemente tocaba mi chochito tan pelado. Lo abria y sacaba jugos que luego chupaba de mis dedos. Mientras esperaba a mi marido, se me ocurrio darle mejor sabor al sexo y se me ocurrio meter algo sabroso en el. En alguna ocasion habia visto en peliculas porno como habia mujeres que se metian bolas chinas en el chocho y la mantenian dentro cuando paseaban, pero yo queria algo con sabor. Me fui a la cocina, lave dos fresas, las mas grandes que encontre y me las meti lo mas profundo que pude. Era muy placentero. Con un poco de mermelada de fresas, unte las paredes de mi vagina por su interior, no mucha cantidad para que no se saliera demasiado, me coloque el tanga y segui esperando muy excitada.
Cuando llego Juan, le bese como normalmente lo hacia, se marcho a la ducha mientras yo preparaba algo de cena y, cuando volvio, reparo en que llevaba puesto un camison transparente y el tanga. No llevaba sujetador y mis pezones estaban erguidos. ?l me miro extrañado y acaricio mis pechos. Cenamos tranquilamente y, al postre, le dije que tenia una sorpresa, me puse de pie y, subiendo el camison y apartando el tanga le enseñe chocho depilado. ?l dijo que era muy sugerente y que queria verlo de cerca. Por fin el plan estaba funcionando. Me dijo que nos fuesemos a la cama y me negue, diciendo que alli seria como siempre y que yo queria sentir nuevas sensaciones, asi que lo hariamos alli mismo, en el salon, sobre la mesa. Ya la tenia erecta. Lo tendia sobre la mesa, una vez recogida la cena y le hice una mamada mas alocada que nunca, besandole los testiculos y levantando sus piernas para poder llegar a su culito, cosa que no habia hecho nunca. Esto le produjo impresionantes espasmos y gemidos que a mi me aumentaban la excitacion, si es que era posible.
Cuando meti un dedito en su culo y lami, como un helado, su instrumento durisimo, no lo pudo soportar y lleno mi cara, mis pechos y mi boca de su añorado semen, en una cantidad que nunca vi. Su pene habia bajado de manera considerable, pero seguia jadeando como un perro cansado. De manera insinuante, me subi a la mesa y le ofreci mi fruta. Comenzo a lamer y lamer con fruicion. Que sabroso, mi amor, decia. Sigue y veras que bueno, cariño, este es tu postre. Cierra los ojos y cometelo todo, por favor, le decia entre jadeos. Cuando mas enfasis le ponia a la mamada de chocho, mas intentaba yo expulsar las frutas, hasta que, con mis propias manos, abri mis labios vaginales y le pedi que metiera la lengua todo lo mas profundo que pudiera, hasta que toco algo extraño en el interior. Sorprendido me pregunto que era. Le dije que absorbiera y que se lo comiera para adivinarlo el mismo. Asi lo hizo hasta comer las dos fresas. Quedo entusiasmado. Le pedi que me follara y pude notar como su polla estaba como jamas la habia notado de dura y parecia que habia aumentado unos centimetros. De esta forma estuvimos follando al menos dos horas, cambiando frecuentemente de posicion y en una de estas, le pedi que me dilatara el culito con cuidado y que desvirgara su ansiado agujerito. Lo hizo con la mayor de las delicadezas y yo lo disfrute con locura.
Le dije que ya no necesitaria ninguna puta en la calle, ya que la tenia en casa para su total disposicion. ?l, extrañado por verse descubierto, dijo ahora sere solo para ti, la unica mujer con sexo de frutas.
Comentarios a: elipar8@hotmail.com



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